
Entrevista a Alfredo Genovese, uno de los máximos exponentes del filete porteño
Alfredo Genovese es uno, o quizás el mayor, fileteador destacado y reconocido de la actualidad por su excelente trabajo y por sus numerosas publicaciones que sentaron un precedente en el estudio y registro de la técnica de filete porteño. Además, contribuyó al mundo de la enseñanza de este arte imponiendo nuevas formas más didácticas. Tuvimos el placer de entrevistarlo y conocer en detalle sus comienzos hasta hoy en día, donde ya tiene un gran recorrido, una gran trayectoria.
Presentate y contame sobre vos, qué hacés.
“Bueno, mi nombre es Alfredo Genovese, soy fileteador. Artista visual en realidad, dedicado al fileteado desde hace ya 35 años. Y bueno, trabajé siempre de esto. Mejor dicho, siempre con los pinceles. Aparte de hacer fileteado, en una época hice trompe l’oeil, también bodypainting y comencé siendo letrista, pintor de letras. Ahí arranqué”.
Lo de letrista, ¿vos estudiaste…?
“Yo estudié Bellas Artes. Y mientras estudiaba Bellas Artes, dejé un trabajo formal en un Banco y me puse a pintar letras, porque en aquella época se pintaban carteles a mano. Y bueno, empecé a pintar letras y veía que era un poco limitado el trabajo de lettering, hoy que está tan de moda, bueno… en esa época era un poco tedioso”.

¿Estamos hablando de qué año?
“Eh… 86’. Dejé el banco en el 86’, sí.
Ahí empecé con las letras y prácticamente al poco tiempo me volqué al fileteado. De hecho yo en el 86’ tomé clases con León Untroib de fileteado en su taller. Él tenía un puestito en la plaza de San Telmo y daba algunas clases. Y bueno, iba hasta su casa en la calle Catamarca y tomé algunas clases con él donde me enseñó un poco los fundamentos básicos… No de una manera muy didáctica, pero bueno, como sabía mucho León… tenía mucho conocimiento del oficio, ¿entendés? Entonces fui tomando de eso que él me enseñó, lo que yo después pasé a un programa didáctico más ordenado”.
Digamos que llegaste a León ya siendo un letrista.
“Era letrista, sí sí. Hacía unos fileteados muy feos, entonces fui con León”.
¿Hay prueba de eso, digamos? ¿Hay filete de esa época?
“Sí, sí. Todavía tengo algunos trabajitos. Lo muestro muy poco… Me queda todo lo que no tiré, me quedan dos o tres cositas que eran realmente espantosas; pero bueno”.
O sea que llegaste a León y ahí empezaste ¿Cuánto tiempo fuiste con León, más o menos?
“Y habré ido un mes. No, dos meses ponele porque habré tomado seis clases”.
Mirá, o sea, no fue mucho tiempo.
“No, no porque las clases con León eran muy caras. Me costaban 50 australes que en ese momento eran 50 dólares”.
¿Eran caras para vos o porque era realmente caro?
«Y… 50 dólares en el año 86’ era una moneda… Pero bueno, no importa porque me lo podía permitir y quería. De hecho, yo estaba en Bellas Artes y cuando lo conté a mis compañeros se cagaron de risa; me decían: “No, no puede ser que hagas eso, que en una clase te cobren 50 dólares”. 50 australes eran, me acuerdo».
León… ¿Él daba clases a cualquier persona que se acercaba y le pagaba?
«Sí, creo que sí. Yo llegué hasta él, me dijo cuál era su precio y yo dije: “Perfecto”. Tomaba clases de dos horas, iba… Hasta que bueno, después dije: “Está bien, ¿hasta qué puedo pagar?” Pagué no sé, seis clases habré tomado con él en el lapso de dos meses y listo».
Previo a tu formación como artista, como letrista, como fileteador, ¿fue todo autodidacta?
“No, estudié en la Escuela de Arte, la Pueyrredón. Y sí, antes sí dibujaba por mi cuenta, sí, sí. Me gustaba”.

En un momento mencionás que tus compañeros se reían (debido a los costos de las clases de fileteado).
“Sí, porque bueno, en Bellas Artes el fileteado no se veía, no se enseñaba y era considerado una cosa ‘muy grasa’. En esa época no se veía el fileteado porteño; era muy raro verlo, ¿entendés? Había muy pocos carteles, no había Internet, no había fuentes de dónde tomar. Entonces uno copiaba lo que más o menos veía.
León tenía muchas cosas en la calle, y bueno, ahí era un poco eso: ver sus trabajos, más lo que me enseñó… Fue un poco cómo encontrar el camino con el filete, que a mí me llevó muchísimos años.
Y yo recién empiezo a dar clases de manera formal en el año 98’ en el Centro Cultural Rojas. Hice algunos experimentos… pero pensá que ahí pasaron 12 años (…). Pero bueno, en esos 12 años yo aprendí bastante del oficio de una manera muy lenta. Hoy en día aprendés fileteado rapidísimo porque hay muchísimas personas que te lo enseñan y la didáctica es otra”.
Y digamos que desde esa época hasta hoy, con respecto al fileteado en sí, creció muchísimo.
“Muchísimo. Se desarrolló muchísimo. Vos fijate que en los 90’ cuando vos buscabas la palabra ‘filete’ en AltaVista, en el buscador que había, salía todo lo referente a cortes de carne y pescado. Hoy en día totalmente se dio vuelta y eso queda en un segundo plano. O sea que, también la irrupción de Internet fue súper útil para la difusión del fileteado”.
Bueno, sé que sos propietario del dominio fileteado.com, en el cual, recuerdo que alguna vez mencionaste que fue como una bisagra, un clic en el mundo del fileteado online.
“Claro. Me abrió muchas puertas, sí, porque toda la gente se contactaba. La verdad no me interesaba registrar mi nombre porque no me conocía nadie, pero al haber registrado fileteado.com y .com.ar, los dos… .net, .org, .info… Bueno, ahora ya lo estoy dejando porque Internet viste que ya no se mueve tanto como antes. Pero bueno, al haberme hecho alguna página y tener esos dominios era como que tenía más llegada. Ahora obviamente con el tiempo va decayendo, pero bueno, en su momento me fue muy bien”.
Sí, en Internet las exigencias son cada vez más del día a día, actualizar, generar contenido (…).
También hubo otro maestro en tu vida…
“Ricardo Gómez, fue mi segundo maestro. Ya con él aprendí en los 90’; creo que en el 95’, 96’… estuve con él. Con él trabajé mucho más. No fui a aprender, a estudiar, sino que fui a trabajar como asistente en sus pinturas de carros y camiones. Y bueno, ahí ya aprendí el trabajo desde el punto de vista del oficio, directamente trabajando”.
Ok, creo… te considerás un fileteador de oficio, ¿no? Porque hoy día hay muchos fileteadores y fileteadoras. El fileteador o fileteadora de oficio es alguien, se puede decir, que se dedica cien por ciento a eso y vive de eso…
“Sí, yo te digo, hace 35 años que me dedico a esto, siempre pintando. Empecé con las letras, el fileteado, trompe l’oeil, bodypainting… Hice de todo”.
Sí, y digamos, en esa carrera vos, desde mi punto de vista, que no soy más que un emprendedor, creo estar sentado en este momento con quien es el referente máximo del fileteado porteño, con toda la humildad que eso puede requerir o no. Pero digo, hay mucha gente que como yo, te tiene de referente ¿Sentís que en ese ámbito desde el fileteado llegaste a un punto que te imaginabas? ¿Soñabas con eso?
“No, la verdad que se me fue dando. O sea, fui improvisando. No quería hacer lo que hacían todos, por empezar. O sea, empezar a agarrar un camino no tradicional. Por eso también elegí como base la docencia, que era algo que no estaba para nada desarrollado. De hecho, mis dos maestros eran muy informales en cuanto a la manera de enseñar, no tenían una didáctica. La docencia de investigación que, después culminó con la publicación de libros… Los libros para mí fueron muy importantes; y de hecho estoy sacando un cuarto libro ahora que está en imprenta y estoy esperando el papel que es de afuera, así que ya sale un libro más mío (…)”.
¿Este libro de qué se va a tratar?
“Y… es mucho más profundo en cuanto a didáctica. Ya toma partes muy específicas de la enseñanza de fileteado y es como una especie también de cuadernillo en el cual vos podés completar adentro y hacer… Es un libro para aprender intensamente (…). Hace seis años que estoy trabajando con ese libro. Y lo fui puliendo… Bueno, la verdad que estoy súper contento (…).
Tengo 100 libros vendidos en la preventa. Hice una preventa y hay gente a la que le estoy debiendo que ya me lo ha pagado. Y no solamente aquí, sino afuera”.
Ok, cuando mencionás afuera… Sé que estuviste mucho tiempo viviendo afuera…
“Sí, viví dos años en Italia. Viajé muchísimo”.
¿Te considerás más viajero o más turista?
“Y… ya soy viajero”.
Desde mi perspectiva, el turista es el que transporta su estatus de confort a otro lugar y sigue en ese estatus de confort, y el viajero es el que rompe con ese esquema y se incomoda para realmente curtirse.
“Sí, sí, olvidate. Totalmente, siempre. Ahora estoy un poquito más viejo pero he viajado muchísimo. En condiciones inhumanas incluso, pero bueno”.
Toda esa experiencia en el exterior, ¿en qué año fue esto más o menos?
“Yo me fui en el 90’… después de la crisis de Alfonsín. Me fui en el 89’ y hasta el 92’ viví afuera. Me establecí de vuelta acá en el 93’ ya, que recuperé la casa, el taller, todo; porque esto estuvo alquilado. Era de mi bisabuelo (…)”.
Te iba a decir, esta experiencia en el exterior, cuando vos volviste acá, hablo desde la perspectiva de lo que un viaje le enseña a uno como persona, ¿no? (…) Pero digo, con respecto al arte, ¿eso repercutió en vos? ¿En tu arte?
“Y a ver, pude ver estilos de pintura comparativa que podían parecerse al fileteado, pero no tenían nada que ver. Entonces bueno, también me sirvió mucho para hacer un análisis más profundo y ubicar al fileteado dentro del lugar en el que está, aquí en Buenos Aires y como pintura local. Y además de eso, aprendí otras técnicas de pintura, trabajé en serigrafía, en pintura mural… Aprendí bastante también afuera trabajando”.

O sea, mientras viajabas, trabajabas…
“En Italia. En Italia me establecí y ahí trabajé, tuve dos trabajos. Trabajé en una serigrafía muy pequeña en la cual aprendí prácticamente todo el proceso de estampado, revelado… todo; y tenía una agencia anexa que hacían publicidad de vía pública pero pintada, en grandes pósters, se pintaba todo a mano y se pegaban. Era alucinante porque era muy artesanal el trabajo”.
¿En qué parte de Italia fue esto?
“Macerata”.
Qué bueno. Y después vos en los soportes que has trabajado, bueno… todo lo visto hoy día; pero también está el bodypainting, los tatuajes… ¿Cómo llegó eso a tu vida?
“Un poco por imposición, primero. Nunca quise estar así en una feria pintando tablas; jamás me interesó porque era algo que no me rendía y lo hacían todos. Después también quise elaborar un programa didáctico porque a mí me costó mucho aprender de maestros. Entonces ahí ya tenía dos nichos en los cuales trabajar. Entonces empecé a trabajar para publicidades y marcas a través de lo que podía surgir de Internet. Vehículos pinté muy pocos, muy pocos realmente.
Y a partir de ahí, bueno, en el 2000 empezamos con el tatuaje con Claudio Momenti de Lucky Seven, que él es el que introduce el fileteado en el tatuaje. Me viene a buscar a mí, toma un curso y ya con él comenzamos a trabajar y a ir a convenciones de tatuajes. En esas convenciones de tatuajes, en la que se dio en Río de Janeiro, él clava un contacto con un tatuador de Madrid y ahí en el 2008, yo ya empecé a dar cursos ininterrumpidamente de 2008 hasta ahora en Europa todos los años o en otros lugares afuera”.
Claudio mencionás que te vino a buscar… ¿Por qué te vino a buscar?
“Claro, él vino a aprender conmigo… Y porque le interesaba el fileteado en el tatuaje, introducirlo. A él le gustaba el fileteado porteño…”.
Claro, pero vos en ese momento ya estabas con un nombre hecho.
“Pequeño, sí. Yo enseñaba, daba cursos en Pinturerías Rex, en el Rojas… Entonces él vino a hacer un curso a Pinturerías Rex. Me acuerdo que después se metió en el Rojas”.
¿Y en qué momento creés que fue un clic en tu carrera, que dijiste: “Ah mirá, mirá a dónde llegué”?
“Y en el 2001 cuando ya empiezo a hacer los trabajos para Much Music, para Aiwa, la publicidad que estuvo en el Obelisco de Aiwa… De ahí ya me sentí más afianzado”.


¿Eso te dio confianza en vos mismo?
«Sí, me hizo ya estar en otro lado. Por ejemplo, al tener un vía pública de 19 metros por 15 frente al Obelisco con una obra… Ninguna galería de arte me lo puede hacer, ningún crítico de arte me lo podía tampoco brindar. Entonces digo: “Bueno, eso fue por mérito, por estar ahí, al alcance de esa publicidad que se dio”».
Voy a entrar quizás en un tema más sensible, o no… A mí me encanta el arte que hacés. Varios colegas tuyos, y entro ahí en ese rollo, te admiran, te aprecian. Alumnos y alumnas tuyos también. Y hay otros que son más recelosos… ¿Es una suerte de celos? ¿Es una suerte de envidia? Digo, también más allá del arte que hacés, se anexa el cómo uno se promociona a sí mismo, cómo uno le involucra, llamémoslo marketing, a sí mismo para hacerse conocido ¿Hubo esa parte en vos? ¿Vos tuviste esa elocuencia, esa iniciativa de posicionarte? Además de tu arte, porque sin el arte no hacés nada.
“Sí, pero qué sé yo. Yo miré siempre la cosa desde un lado más empresarial o emprendedor. Tenía que sí o sí, para vivir de esto, vender. Y para vender tenés que ser buen vendedor, además de tener talento pictórico. Me parece que, no sé, se me dio esa combinación de factores que, bueno, le di para adelante (…). Tendrás que hablar con la gente que no me quiere para ver qué piensa (…)”.
Ya estás más en otra historia, pero sí entiendo que los que realmente te conocen saben de lo que están hablando y cómo lo están hablando. Por ejemplo, hay dos alumnos tuyos, que creo que son muy talentosos. Estoy hablando de Gustavo Ferrari y de Beto…
“Muy buenos los dos, muy buenos los dos. Y ahora está César Chávez que es una máquina, una locomotora y hace muy poquito que empezó y es una bestia. Y Emanuel Librato que también hace, no sé, un año y medio que está viniendo y pinta re bien. Ya les estoy pasando trabajos a ellos, cosas que no me interesan y yo se las paso”.
Eso te iba a preguntar. Me acuerdo cuando yo estaba más en lo cotidiano con Gustavo, que me mencionaba que vos le pasabas trabajos a él. Hoy día, ¿seguís derivando ciertos trabajos que no te gustan hacer…?
“Sí, un montón, un montón de laburo que no… qué sé yo, que no tengo ganas de hacer o ya estoy cansado, estoy viejo… Sobre todo trabajos de calle, de salir (…)”.
Genovese cuenta que hace poco hizo una vidriera en San Telmo, trabajo que no quería realizar pero que se lo pidieron mucho, y continúa: «la última (vidriera) que hice fue en el 19’ y la hice en Milán. La hice en Milán, que viajamos con Beto Cáceres, que hicimos la vitrina de Golden Goose, que fue un laburo gigantesco. Esa fue la última vitrina que hice, hace tres años».
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“Beto es un genio pintando, pero él tiene una filosofía mucho más tranquila, viste… y la verdad que lo admiro. Yo con Beto trabajé nueve años seguidos. Fue mi asistente todo el tiempo y laburamos día a día y aprendió fabulosamente bien. Yo hacía el trabajo sucio, que era ir a buscar la plata a la calle y Beto pintaba. O diseñaba y él pintaba todo y pintaba de una manera increíble, buenísima, con mucho talento, mucha garra. Y bueno, ya después pasó el tiempo, yo me achiqué y acoté mis posibilidades laborales porque bueno, estoy cansado. Con Beto hemos hecho cosas increíbles, de dar clases en hoteles para 100 personas, de ir a eventos, de ir a estancias en el campo para turistas… Trabajé mucho con muchas agencias en esa época; con Maitén trabajaba, que hacía cosas en la estancia… que está por Villa María. Y bueno, ahora hace un tiempo que estoy cansado; no tengo tanto tiempo, tanta energía y es como que estoy acotando ya…”.
Pero hoy en día seguís viviendo de lo tuyo, de tu arte.
“Sí, sí. Vivo muy bien, así que…”.
De los cursos… Está el curso también online de Domestika…
“De Domestika, que lo hicimos en el 16’. Vinieron acá a filmar y empezaron con eso. Y bueno, siempre hago cursos afuera. Trabajo con Escoda, que es una fábrica de pinceles de Barcelona…”.
Primero, ¿cómo llegaste a ellos? Y segundo, sabiendo que el único fabricante acá en Argentina es Carnevale, digo… me imagino que has utilizado sus pinceles…
«Sí, a ver, yo trabajé con Carnevale durante 19 años. Ininterrumpidamente compré sus pinceles. Lo que pasa que después quise una calidad mejor, porque bueno, a ver, Carnevale lo sacaba siempre igual, misma calidad; a veces más baja, a veces mejor… Entonces digo: “Bueno, vamos por un pincel mejor”. Y nada, lo fui a buscar afuera y lo encontré».
¿Si lo encontraste significa que ellos ya lo estaban haciendo? ¿O vos les propusiste?
“No, ellos tenían… tienen una fábrica alucinante. Es una fábrica familiar también pero muy bien equipada. Entonces nos pusimos a ver de fabricar un pincel, de producir y no le quise ni poner mi marca”.
Ok, fue iniciativa tuya. Claro, me imaginé que venía por ese lado porque estamos hablando de fileteado porteño, algo de Argentina…
“Sí, después también hay otro artista que se llama Oscar Nomen que también mandó a hacer para él una serie, pero esos son sintéticos. Y yo ahora voy a empezar a producir sintéticos porque bueno, con el esmalte al agua es mejor el sintético que el natural. Entonces también se va modificando, así que ahora en este viaje tengo que traer una buena remesa de pinceles”.

Vos sabés que nos sucedió en el 2019 creo que fue, que nosotros como emprendedores en turismo, damos charlas en universidades. En un momento dábamos muy seguido y hubo un encuentro de Estudiantes de Turismo de todo el país en UADE, que se dio que se juntaron 700 alumnos. Dimos una charla y al mismo tiempo una clase de fileteado para todos ellos, en la cual contraté a 15 fileteadores y fileteadoras. Fue todo un evento muy lindo. Y tuve que abastecerme de pinceles. Se dio un acuerdo donde compré realmente muy económico los pinceles de Plantec.
“Plantec de Alemania, sí. Los contacté yo también, pero no me quisieron producir. Tengo el dato de la fábrica de ellos que producen en Alemania, probé los pinceles de ellos y sí, tienen una buena relación calidad-precio. Son un poquito duros, porque es pelo artificial, es pelo sintético; pero sí, sí sí, el plan B era ir a la fábrica de Alemania donde producen Plantec y sino empezar a trabajar con ellos (…)”.
Hablamos antes sobre la esquina de Caminito, en la que hiciste un cartel para Havanna, que ese cartel se puede decir que está en la esquina más turística de Argentina, por así decir o sino pega en el palo. Turísticamente o en el mundo del turismo, ¿vos ya estabas involucrado? El turista viene y te pide, ¿eso te dio visibilidad también estando en Caminito?
“No, no. La verdad, a ver, no creo que la gente supiera que lo hice yo al cartel; pero bueno, para mí es como que estaba ahí y aparecía en todos lados, era más un orgullo personal. No creo que la gente se detuviera a ver la firma”.
Pero a través de la firma alguien habrá llegado a vos…
“No, no. Quizás los dueños que tiene ahora el local sí, llegaron a mí porque vieron la firma y querían que hiciera el cartel (…)”.
Y hablando de esquinas, nosotros hacemos un tour para turistas en el Abasto donde quizás estaba la esquina más fileteada de Buenos Aires, que es toda la esquina hecha por Elvio Gervasi, y sabemos que él hizo la contratapa de uno de tus libros ¿Cómo es tu vínculo con él? Digo, porque es un artista que sí traté con él muy poco en buenos términos, pero siempre me lo han… como que: “Cuidado con él”.
“No… yo trabajé muchos años con Gervasi y fuimos grandes amigos. Después en un momento desapareció y no lo vi más”.
Ok, no sabés nada de él.
“No, y sé que con mucha gente, con muchos colegas pasó lo mismo digamos; como que desapareció, no habló más y se fue; listo.
Muy talentoso Gervasi, muy talentoso. Y tuve intercambio con él y le compré obras, como le compré a muchos colegas; a Oddone también. Odonne estudió conmigo también en un inicio, después se formó con otra gente y trabaja súper bien Fernando Oddone”.
En tu sitio web vimos que vos publicás los plagios que te hacen ¿Vos eso cómo te lo tomás? Digo, porque yo me puse a leer el sitio web, me imagino que como artista uno no quiere que le copien su trabajo por derechos de autor; pero al mismo tiempo, noté una suerte de, no sé si gracia para con el asunto, porque criticás también al restaurante que también te plagió, hablás del precio… ¿Cómo te lo tomás a eso de los plagios?
“Y… a ver, qué sé yo, todo lo que está publicado ahí es porque me daba gracia. Tuve muchísimos casos de plagio con juicio y que los gané. Hice un montón de juicios con abogados especialistas en derechos de autor y casi todos los gané. Algunos quedamos empatados, pero bueno, como todo, no tenés mucha banca con ciertos jurados. Fui perito también de parte, hice trabajo de pericias en juicios de fileteado de otros colegas y esta semana tuve una gran alegría de que se resolvió un caso contra, después de siete años de juicio (…). Fui a ver el expediente e hicieron una sentencia de 32 páginas hablando del tema de derechos de autor. Fue una sentencia alucinante que hizo el juez (…). De hecho, cuando ya se termine todo voy a ir a pedir una copia de ese expediente de la sentencia y se la voy a regalar a la Asociación de Fileteadores, para que ellos sepan bien del tema de derechos de autor y cómo esa sentencia sienta un precedente en el tema del fileteado y derechos de autor”.


Se me abren dos preguntas ahí: la primera es, me acuerdo que en un momento habiendo hecho contacto con Elvio, a él le molesta, me lo dijo él, que le saquen fotos a esa esquina. Como que sacar fotos de esa esquina se involucra en derechos de autor. Digo, ¿sacar una foto a vos te…?
“No, a ver, cuando yo hago una causa judicial es cuando por ejemplo la gente reproduce trabajos míos y vende merchandising y lo utiliza para ganar plata. Porque la foto la pueden sacar… de hecho hay gente que lo hace, pero yo no puedo llegar. Hay gente que lo hace y no tengo medios de ejecutarlo, ¿entendés? Entonces me cago de risa y los publico, como una parodia.
Después un montón de juicios… Con YPF tuve una causa, contra Emi, contra Correo Argentino, contra Metrovías… Tuve un montón de casos que no los publico porque ya cerró; dos veces contra Artear… Contra TyC Sports que fueron mis clientes y después usaron cosas que yo no les di permiso. Tengo un montón de causas hechas. La última fue la de Emi”.
¿Vos decís que la mayoría es adrede, digamos? ¿La gente es consciente de que está haciendo lo que hace? ¿O está desinformada también?
«A ver, se tira el lance. Dice: “Bueno…”, pero después cuando ves un alegato… Yo voy siempre a arreglar y a mediar, ¿entendés? “Mirá, flaco, tomaste esto, pagameló y ya está”. Como no se piensan que les va a llegar un juicio… porque yo tengo tiempo y tengo recursos para hacer un juicio. Y como a mí no me interesa la plata, digo, a mí me interesa hacer la justicia… Vamos a ir por lo justo. Y vamos, vamos, vamos (…).
Para mí está buenísimo. Una de las primeras cosas que hice fue hacer un curso de derechos de autor en el 2000 más o menos para meterme bien en el tema, porque me habían copiado ya algo. Y digo: “A ver, ¿cómo es? ¿Cómo se rige esto?” (…)».
Y mencionaste que querés sentar precedentes sobre este juicio y le vas a entregar el material a la Asociación de Fileteadores ¿Cómo es tu vínculo con la Asociación de Fileteadores? Digo, obvio tenés relación con varios de ellos…
“Sí, cordial. Yo, a ver, me hablo con Diego (Prenollio), con Memo (Caviglia) trabajamos juntos, teníamos muy buena relación… Pero la verdad que no tengo un vínculo fluido, porque no participo y tampoco quiero participar. Tenemos criterios diferentes… Pero no tengo problema con nadie, me llevo bien con todos. No soy capaz de hablar mal de nadie, qué sé yo… En algún momento quise ‘cagar a trompadas’ a un par, pero ya estoy más viejo. Ya está, está todo para bien”.
Hoy día, con los cursos que dictás, ¿anualmente a cuántas personas les das curso?
“Y ahora no sé… Es 12 por cada grupo, ponele que… ¿6 por 12 cuánto es?”
72.
“72, y ponele que si meto otros tres cursos más afuera… 36 más. 100 personas.
Antes en el Rojas daba mucho más, porque tenía cursos de cuarenta y pico, 35 alumnos llegué a tener en un aula… Pero bueno, ahora menos”.
De estos 100 alumnos anuales de hoy, ¿hay un porcentaje que decís: “Este o esta se va a dedicar”? ¿Notás eso?
“Y yo en la segunda clase ya me doy cuenta si el tipo labura bien o no. De hecho me pasó con Gustavo, me pasó con Cáceres, con muchos ahí que vi que tenían pasta. Pero es muy poco el porcentaje de gente que después se dedica, que tiene la pasión”.
Bien, y ya voy entrando en la etapa final, hoy día con 57 años, 35 años de trayectoria, ¿qué es lo que te puede motivar hoy para hacer un trabajo? ¿A qué le dirías que sí hoy si te convocan para un trabajo bien pago…? Y por bien pago me refiero a algo en lo que uno pide un precio por algo que corresponde o crea que corresponde. Con esas condiciones, ¿vos a qué le decís que sí?
“Y a lo que sea marcas me gusta mucho, lo que sea packaging, y bueno, alguna pintura qué sé yo, no lo tradicional; o extraña, ¿entendés?”
Ok, ¿y darías charlas? ¿Te gusta dar charlas, mostrarte?
“Doy, pero cada vez más acotadamente. Me piden para escuelas y cosas, pero muy acotado ¿viste? Realmente le tiene que interesar al cliente la charla que voy a dar y cómo la voy a dar porque podría dar mil cursos y llenarlos y llenarme de plata, pero no tengo ganas. Tengo ganas de hacer un curso o dos y hacerlos bien, pasarla bien y que la gente se vaya contenta”.
¿Darías charlas gratuitas?
“Uhm… no sé, una por año daría. No, no tengo ganas”.
No no, pasa por ganas. A mí me pasaba en estas charlas que te mencionaba, en las universidades, de que son charlas gratuitas ¿viste?, pero me motivaba el hecho de estar frente a las personas; me gusta esa parte, me siento muy cómodo. Entonces quizás, por ese lado…
“Sí, si es un lugar que convoca mucha gente, si hay una buena movida, sí, no tendría problema en dar una charla gratuita. Pero viste, si yo empiezo a dar charlas gratuitas todo el tiempo, me van a querer pedir todo el tiempo, un colegio… Antes lo hacía, pero bueno, ya está, estoy grande y no tengo muchas ganas. Aparte hay gente joven que lo puede hacer”.



Se te ha declarado Personalidad Destacada de la Cultura de Buenos Aires el 28 de junio de 2012 ¿Cómo te enteraste? ¡Cómo te cayó?
«Me contactaron para ver si me interesaba porque estaba la posibilidad de que me declararan y dije: “Sí, no hay ningún problema, vamos para adelante”. Y bueno, salió».
¿Te dio orgullo?
“Sí, sí, me puse contento (…), siempre suma”.
El reconocimiento… ¿te gusta el reconocimiento, digamos?
“Sí, ¿a quién no le gusta? Es sentirse valorado, que lo quieren… Claro que sí (…)”.
En este momento con toda la trayectoria que tenés, ¿cómo te ves en un futuro ligado al fileteado?
“Y qué sé yo, la verdad que no tengo idea. Seguiré improvisando e inventándome algo… Hay que inventarse siempre algo”.

¿Estás consciente que estás dejando un legado en todo ese terreno?
“Sí, a ver, todo el tema de los libros, todo el tema de la didáctica de los cursos, creo que lo hice yo, lo inventé yo y después bueno, la gente lo fue siguiendo y lo fueron perfeccionando, puliendo cada uno a su modo. Sí, de eso soy consciente. A ver, estudié, me formé y publiqué, y estoy muy orgulloso, sobre todo de lo publicado y lo editado porque es un material que ya queda intangible (…)”.
Y para cerrar, ¿algo que quieras agregar que no te haya preguntado? ¿O mencionar qué es el fileteado para vos, qué significa para vos el fileteado en tu vida, qué fue o qué es?
“Es un medio de vida y un medio de expresarme y de decir cosas. Básicamente es eso”.
Para saber más del trabajo de Alfredo Genovese, podés encontrarlo en su sitio web: fileteado.com o en Instagram: fileteado