Entrevistamos a José Espinosa, un gran fileteador de nuestro país y discípulo de León Untroib. Dividimos la entrevista en dos partes: una contándonos su experiencia como fileteador (podés encontrar la entrevista haciendo clic acá), y en esta parte nos enfocamos en las historias que nos cuenta sobre su maestro, uno de los más grandes creativos que tuvo esta expresión artística.

José nos cuenta sobre sus comienzos en el filete porteño. Casualmente conoció a Untroib cuando pasaba por el taller de su ventana ya que eran vecinos, y nos da a entender que no tomó clases formales con él, lo que nos da pie para preguntarle:

Me comentabas que casualmente conociste a León Untroib, y que fue un poco informal esa formación, ¿no?

“Sí, él daba clases particulares pero yo en ese momento no podía hacerlo. Estaba recién casado, con un hijo y tenía que alquilar y esas cosas; y no era buena época, no podía pagar las clases. Pero él pasaba, me invitaba a su casa y era la charla obligada. Obligada entre comillas, porque para mí era un placer charlar con él. Y era una época en la que él estaba con un problemita de salud y bueno, yo iba a ayudarlo en lo que podía. Y charlábamos mucho, veía cómo trabajaba él, me explicaba y me contaba anécdotas. Y realmente fue mucho más valorable todo el tema de las anécdotas y las historias de cómo estaban conformadas las carrocerías, cómo trabajaba cada uno. Eso fue enriquecedor para mí […]. León fue fundamental para mí en varios aspectos porque era un gran creativo, a mí me sirvió mucho; pero a la vez en esa época no había Internet, era muy difícil trabajar porque no había mucha información sobre el tema, no se le daba demasiada importancia. Pero él me dijo algo que fue muy valioso… Me contaba que muchos de los fileteadores originarios tomaban elementos de las antiguas rejas, frizos de las paredes y vitraux de las iglesias, ese tipo de cosas. Y es lo que hice, y pude lograr un estilo bastante personal, particular. Bien o mal me identifica de alguna manera, y es de lo que más agradecido le estoy a León, que me haya podido abrir los ojos”.

“Yo cada vez que tengo que dar alguna charla sobre un poco del filete, aprovecho para contar un poquito la historia […]. Algunos carros en Europa ya se decoraban con líneas, enmarcados nada más. Algunas bolitas y cositas en las esquinas, muy poco trabajo. Y a Miguel Venturo, que fue un gran fileteador, se le ocurrió incorporar elementos al carro, que eran hojas de acanto que tomó de los frizos que hacían los italianos, las fraguas españolas, la fundación francesa o los vitrós franceses, alemanes o italianos que había en las iglesias; y fue tomando diferentes elementos como hojas de acanto, cintas, moños, dragones, ave fénix, distintos tipos de flores, pájaros, y los incorporó al filete. De ahí en más hubo todo un proceso de transformación en el filete, cada uno fue tomando lo que pudo, lo que fue saliendo. Yo siempre lo comparo un poco con Elvis Presley y el rock, que no inventó el rock, pero bueno, siempre uno está obligado a hablar de rock y Elvis Presley. 

Se generó una gran revolución dentro del filete, hasta que en un momento aparecieron en escena Carlos Carboni y León Untroib. Yo digo siempre que para mi son Lennon y McCartney, generaron toda una gran revolución en cuanto a lo plástico. Llevaron al filete a su máximo grado artístico en cuanto a creatividad, color… porque eran maestros de pintura además. De ahí en más no hubo muchos más que los superaran a ellos dos”.

[…]

«Yo recuerdo estar en la casa de León un día, cuando recién salía la fotocopia a color, y él había conseguido una foto de un trabajo de Carboni, y yo nunca había visto un trabajo de él… Estamos hablando de hace unos 30 años atrás. Y me muestra una foto de un trabajo de Carboni que era excelente. Yo nunca había visto nada, y eso me cambió la vida totalmente porque no era solo la foto, sino lo que me dijo León: “Fijate que el trazo es muy armonioso, la estructura es perfecta y las figuras tienen mucho aire, las figuras respiran”. La manera de trabajar era muy preciosista. A mí eso me partió el cerebro en cuatro y lo tomé como base para hacer lo mío después […]. Lo loco es que la primera vez que lo conocí a León, que apareció en la ventana de mi taller, tuvimos una charlita así apurada de “dos horas”, y en un momento cuando me dijo quién era yo casi me muero, porque no lo esperaba… Es como si te gustara el tango y de pronto te aparece Gardel en la ventana de tu casa. En un momento le pregunto: “Maestro, ¿qué tiempo se puede tardar en aprender a filetear?”, y me dijo: “Tenés toda la vida para hacerlo”. Y realmente era así, es lo bueno que tiene. Yo les tengo prohibido a mis alumnos decirme maestro, porque yo sigo siendo un aprendiz igual que ellos».

¿Qué aspecto tenés más presente de tu aprendizaje con Untroib?

«Y de León tengo para hablar muchos días, imaginate que yo iba todos los días a su casa. En un momento tuvo un problema en un pie. Tenía pie diabético y yo iba todos los días a curarle el pie, durante… creo que unos tres meses. Un día nos pusimos a charlar, eran las siete de la tarde. En un momento le digo: “León, me voy porque mi señora me va a matar”. “Sí, sí, sí, ya debe ser bastante tarde”, me dice. Cuando miré la hora eran las cuatro de la mañana […]. Son esas charlas que son sin tiempo, que no pasa el tiempo, y que son maravillosas. León era un gran narrador además de un gran fileteador. Era un gran narrador con su acento polaco aún, y una voz así muy grave; y era maravilloso escucharlo, porque te contaba cómo estaba compuesta una carrocería por ejemplo, cómo trabajaba cada uno, cuáles eran los elementos que se usaban. Entonces uno pudo armar más el escenario para trabajar. Y eso lamentablemente yo no le puedo transmitir a las nuevas generaciones, porque sería muy difícil contarles todas esas cosas. Si bien algunas cosas puedo contar cuando se da la charla, son tantas que no alcanzaría el tiempo para una sola charla. Y yo he tenido esa suerte que otros no han tenido. Si bien yo conozco gente que trabaja en filete, que ha ido a tomar clases con León, que han pagado las clases, León daba una sola clase. Y después eran charlitas. La consulta era gratis siempre que ibas y aprendías mucho más, por supuesto. Pero no han tenido esa oportunidad que he tenido yo de charlar tantas horas durante tanto tiempo con él, de tenerlo tan cerquita. Y es una pena que no tenga ningún audio grabado de él, de sus charlas, porque no había manera. No había celulares con los que grabar, yo no tenía un grabador… Aparte, me hubiese parecido irrespetuoso tener un grabador mientras charlábamos […]. La idea de la Asociación fue de una charla que tuvimos con León hace 30 años. Él era de la idea de hacer muestras colectivas. A él le encantaba hacer muestras colectivas, compartir un espacio; y a mí también. 

¿Sabés sobre la formación de Untroib? ¿Qué aspectos destacás de él como fileteador y como maestro?

«León, por lo que sé, pintaba desde muy chiquito. Él creo que a los 11 años llegó a acá, y la cultura estaba mucho en Europa y acá también debido a la gran inmigración. Y para que te des una idea, él me contaba una vez cuando tenía ya 80 años creo, que vino un señor de Polonia, de Ostrow, que es la ciudad de donde era él, y le pregunta si él era León Untroib, y le dice: “Bueno, mire, hay un cuadro suyo en la Iglesia de Ostrow”, de aquella época, que él había pintado a los 10 años creo. O sea que ya tenía toda una trayectoria. Cuando vino a acá, él entra a trabajar a los 12 años a una carrocería donde trabajaba su tío. En un momento su tío llegó tarde y el patrón lo puso a pintar a él. Entonces cuando llega su tío lo reta, le dice que salga de ahí, que ese era su lugar. Entonces el patrón le dijo: “No, mirá, dejalo al chico que está haciendo las cosas bien”, y no dejó de pintar nunca más. A los 17 años ya era encargado de la carrocería. 

Después de más grande estudió Bellas Artes en la Escuela Belgrano de Bellas Artes cuando estaba creo que en Avenida Independencia, con algunos maestros como Berni, Soldi, Urruchúa, Spilimbergo… o sea, con monstruos. Era un tipo que sabía mucho, mucho de pintura, mucho de color. Hacía surrealismo además de hacer filete, y tenía una formación pictórica muy grande León, igual que Carboni […]. Además hablaba cuatro idiomas; hablaba ruso, polaco, alemán y bueno, castellano; y algo de inglés. Era un tipo muy culto, y además muy gracioso. Era un tipo que hablaba cinco minutos serio, y a los cinco minutos te hacía un chiste o un cuento, y era para divertirse todo el tiempo, no te aburrías. Era maravilloso, un personaje espectacular León. No había tiempo para la solemnidad, eso de estar encuadrado en algo tan rígido. Era muy divertido León. Era un poco como el abuelo que todos quisiéramos tener, o el papá, el amigo… un fenómeno».

La verdad que un artista más allá de lo que hace con sus manos, o con sus pies si baila, o de la forma en la que se exprese artísticamente, que tenga ese carisma y esa llegada habla mucho más de ese artista.

“Sí sí, además un tipo sin ningún tipo de egoísmo. No tenía egoísmo para nada, un tipo fabuloso. Pero bueno, lamentablemente se van. Pero han dejado su huella, y vaya que la han dejado. Mirá, ya tenemos más de 200 socios (en la Asociación de Fileteadores) y eso en parte es culpa de él”. 

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Acerca de Milagros Yegros

Milagros Natividad Yegros nació en Magdalena, Buenos Aires, el 20 de diciembre de 1998. Una vez finalizados sus estudios secundarios, realizó un curso de Coordinación Turística, lo que luego la llevó a estudiar turismo en niveles superiores. Es Técnica Superior en Turismo por Universitas La Plata y se ha perfeccionado en Comunicación Turística por la Organización Mundial de Periodismo Turístico. Ha trabajado como guía turística freelancer en su ciudad, para la revista digital española Mi Viaje y trabaja como comunicadora en la radio FM 100.9 y Frecuencia TV de Magdalena. Desde 2020 se desempeña como redactora en este proyecto de filete porteño, donde junto a Darío Dress, Director General de 054 Travel e ideador de este proyecto, trabajan codo a codo para acercar el filete porteño a la comunidad.

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