
Entrevista al fileteador Gustavo Ferrari
Gustavo Ferrari es un fileteador que, con su vasta experiencia adquirida de las calles porteñas y su arduo estudio y trabajo en la técnica, nos cuenta sus experiencias relacionadas al oficio, sobre sus viajes, su maestro Alfredo Genovese, el gran maestro León Untroib y otras curiosidades y datos sobre el fileteado porteño.
Abril de 2022 | Por Darío Dress
Primero presentate, contame quién sos y de ahí va a ser un disparador para todo lo que viene.
“Dale. Bueno, mi nombre es Gustavo Ferrari, soy fileteador y letrista. Nací en el 82’, acabo de cumplir 40 y desde el 2001, cuando tenía todavía en ese momento 18 años, empecé a estudiar fileteado con Alfredo Genovese. Y bueno, primero como un hobby, como algo para pasar el rato y hacer algo artístico mientras estudiaba la carrera de historia en la universidad. Y bueno, por diferentes razones se terminó convirtiendo en mi trabajo fijo y lo que hago y de lo que vivo desde hace 21 años”.

Bien. O sea, es un oficio. Vos sos un fileteador de oficio se puede decir.
“Sí, sí, en el sentido de que vivo de lo que hago”.
Claro, porque hay fileteadores y fileteadoras que lo hacen como algo secundario o algo complementario. Sin embargo, vos vivís de esto 100%.
“Y… siempre viví de eso, digamos. Porque cuando empecé tenía 18, 19, que era la época en la que normalmente uno se busca un primer laburo; y bueno, como Genovese me invitó a laburar con él se transformó en mi trabajo filetear. Por eso te digo, no lo esperaba y terminó llevándome por este camino”.
¿Se puede decir que Alfredo vio algo en vos?
“Y sí, me parece que sí. Cuando uno da clases, muchas veces ves gente que quiere aprender pensando en que se convierta en una salida laboral. Cuando yo arranqué ni se me pasaba por la cabeza la posibilidad esa. Y si Alfredo no me hubiera invitado a que lo ayude, yo no sé si se me hubiese ocurrido laburar o hacer plata con esto”.
Y antes de ponerte a estudiar fileteado, ¿cuándo fue la primera vez que oíste del fileteado?
“Mirá, yo nací y viví muchísimos años de mi vida en Almagro. En Almagro como en el límite con el Abasto. Entonces medio que al fileteado lo recuerdo casi de siempre. Y lo que más recuerdo quizás sin saber qué era el fileteado, sin saber nada pero que lo veo desde ahora y tiene otro significado, es que una de mis memorias más jóvenes, una de mis memorias visuales más antiguas digamos, es el mural de Gardel del subte B, que es el mural de León (Untroib); quizás lo más importante que debe haber de fileteado en la ciudad por hoy en vía pública. Sí sí sí, creo que es la obra más importante casi sin lugar a dudas”.


Las personas o la gente común no toma dimensión de eso, ¿verdad?
“No. Y menos del modo en el que está. Está protegido ahora por un acrílico ¿viste?, pero está todo hecho mierda, el acrílico está sucio… Pero no creo que mucha gente más que los fileteadores, le demos la importancia a ese laburo que tiene. Está en un lugar de tránsito aparte; ni siquiera está en la estación. Cuando están las obras en la estación, en las cerámicas y vos estás esperando el subte, te quedás mirando porque no hay otra cosa que hacer. El mural de León está frente a la boletería, es un lugar donde la gente pasa, no se queda.
Y te digo, esa es una de mis memorias visuales más antiguas, probablemente sin saber nada, sin saber qué era el fileteado, sin saber quién era León, sin saber nada de nada de nada. Y sí recuerdo en un momento que se armó un escándalo cuando se privatizó el subte. A fines de la década del 90’ empezaron a renovar las estaciones y en un momento desapareció el mural. Y hubo todo un lío de los vecinos que se quejaron y no sé qué… Después lo volvieron a colocar y dijeron que porque se estaba arreglando la estación se sacó y bla bla, y lo emplazaron donde está ahora. Históricamente no estaba ahí al frente de la boletería. Históricamente estaba… si vos venís del lado de Corrientes y Gallo digamos, venís caminando, bajás en Corrientes y Gallo en diagonal al Abasto; estaba entre las escaleras, la que baja y la que sube al subte de la mano que va para Chacarita, como para donde está ahora el mural de Páez Vilaró. Ahí estaba el mural de León históricamente.
Y después no sé, me acuerdo que siempre me gustó lo que tiene que ver con la Buenos Aires vieja, con lo antiguo de la ciudad y un poco el fileteado tenía que ver con todo eso”.
Recién mencionaste que habías estudiado historia. Tengo entendido que lo hacías en la UBA. Esa relación con la historia y el fileteado digamos, ¿se puede decir que ahí hay una suerte de que palpaste arte e historia en tu vida?
“Sí, pero igual siempre me gustó la historia. Y en realidad estudiar la carrera y aprender fileteado fue un proceso paralelo. La idea original era que… aprender fileteado era para relajar de estar leyendo historia. Esa era la idea con la cual yo me anoté al curso.
Pero sí, claro que tienen que ver como intereses, y después también un poco en cierto tipo de perfil que traté de darle a mi laburo con el fileteado. O sea, a mi laburo con el fileteado me refiero a mi laburo con el fileteado por fuera de ejecutar un fileteado, de pintar. He hecho muchas cosas que tienen que ver con el fileteado y con la historia del fileteado”.


Y sobre la historia del fileteado, ¿qué sabés? ¿Qué podés mencionar para alguien que no sabe nada? Cómo nació, brevemente una reseña…
“Bueno, esos son conocimientos medio comunes que están en todas partes. En el sentido de que, arranca con inmigrantes italianos en la época de 1890/1900 cuando surge todo lo que es la gran corriente inmigratoria en Argentina, cuando la ciudad empieza como a modificarse, a cambiar de escala. Y toda esta llegada de inmigrantes lo que hace es influenciar el desarrollo de la cultura local.
En ese contexto surge el tango, surge el fileteado, surgen algunas formas de teatro criollo, etcétera, muchísimo al calor de la llegada de grupos inmigrantes que lo que hacen es con sus aportes, ir configurando un poco lo que es la cultura porteña argentina digamos, porque también es argentina.
Comienza con algo muy simple, como una decoración muy simple sobre lo que eran los carros a caballo, vendedores de frutas, repartidores de leche, etcétera. Cuando digo muy simple es como casi… El costado del carro se decoraba, estaba dividido en paneles y cada panel tenía un reborde. Primero empieza con un reborde y a lo sumo las letras del nombre del dueño del carro. Y después con el tiempo eso se fue complejizando y tomando lo que es ornamentación de los grandes edificios del centro, arquitectura, rejas de la ciudad, billetes, etcétera. Tomando un poco de todo eso se va complejizando y van surgiendo lo que son los elementos decorativos tradicionales del fileteado: pájaros, dragones, cintas, hojas de acanto, etcétera”.
De hecho, mientras estamos charlando en este momento estás dibujando un dragón.
“Estoy haciendo un dragón. Sí, porque me gusta; entretengo la mano. Aparte pensás, te ayuda a pensar”.


Hoy día, si tenés que mencionar un soporte que sea tu preferido, más allá de que has pintado cientos y miles de carteles, ¿tu soporte preferido cuál es?
«A mí lo que más me gusta es cuando pinto vidrieras. Siempre. Me gusta por varias cuestiones. Me gusta porque el vidrio como soporte para trabajar es perfecto; o sea, es liso, es suave, el pincel corre, no tenés defectos, no tenés problemas… Impecable.
Y después me gusta sobre todo por estar trabajando en la calle. En general el oficio es un oficio solitario, porque vos estás en tu taller trabajando normalmente. Entonces salir a la calle y estar pintando, interactuar con la gente que camina, con el público, la gente se para, te habla… Obviamente a la vez es como un handicap en contra porque perdés mucho tiempo porque te interrumpen a cada rato para contarte algo (…). Todos te cuentan las mismas anécdotas la mayoría de las veces, pero siempre te cruzás con alguien copado, conocés gente, hablás un poco del oficio, etcétera. En general siempre suele ser gente grande. Yo cuando era más joven decía: “Nunca son chicas lindas las que se te paran a hablar”. Pero bueno, ya ahora no me hace falta.
Y después, lo que me encanta y lo que me parece fundamental es que el laburo de uno queda a la vista y queda formando parte de la cotidianeidad de la ciudad, del día a día de la gente (…). Cuando pintás una vidriera en un lugar, y más si son lugares históricos, son cosas que van a quedar ahí por 20, 30 años o más, entonces eso me moviliza mucho más como laburo que cualquier otro».
Y en ese punto, tengo entendido que has hecho varias vidrieras de algunos bares notables ¿Te acordás cuáles son esos?
«Y… en los bares específicamente, es lo que más, más me gusta todavía. Si me encanta pintar una vidriera, más me encanta pintar la vidriera de un bar histórico de la ciudad; porque me gustan los bares viejos, de los que cada vez quedan menos lamentablemente o los van reconvirtiendo en otras cosas.

Ahora tenés ponele laburos míos de vidrieras en el bar El Motivo, que es un bar viejo increíble que está en Salvador María del Carril y Zamudio, como en el límite entre Agronomía, Paternal, Villa Pueyrredón… como por ahí. Pero es Villa Pueyrredón técnicamente el barrio. Y después tenés en Almagro La Orquídea, en Corrientes y Francisco Acuña de Figueroa, que creo que esa debe ser una de las más fotografiadas de todas las vidrieras que pinté. Y aparte es un laburo que todavía me sigue generando trabajo; un montón de gente todavía me llama y me dice: “Ay, pasé y vi tu laburo en La Orquídea” y no sé qué y bla bla, y te llaman por eso.
Y después a otro bar que le hice ventanales fue La Flor de Barracas en Barracas, y El Colonial en Perú y Belgrano, en Monserrat. Esos son cuatro que tienen ventanales».
[…]
«Una vez jodiendo con un amigo, viste que hay un montón de fileteadores que acopian títulos para sí mismos; entonces tenés El Fileteador del Tango, El Fileteador de Buenos Aires que me contaste que lo visitaste, El Fileteador de Mataderos era Memo (Caviglia); entonces me decía: “Vos tenés que decir que sos El Fileteador de los Bares Notables. Ese tiene que ser tu título”».



Me mencionaste que estudiaste con Alfredo. No sé si él o alguien más o algunos más, ¿te sirvieron de inspiración para vos?
“Y sí. Bueno, cuando uno aprende es como que siempre estás mirando a otros fileteadores y más al que es maestro de uno, eso es inevitable. Lo que siempre me gustó de Alfredo fue no solamente el laburo que él hacía y el talento con el que lo hace y la profesionalidad, que no es algo que encontrás muy seguido en el ambiente, sino también justamente eso, ¿no? Lo que decía, saber lo que uno quiere, saber cómo apuntar a eso y cómo llegar a eso; y no distraerte con pelotudeces en el medio. Y lo que siempre tuvo Alfredo es que es un tipo que más allá de hacer una obra de calidad, supo siempre cómo gestionar esa obra, que es algo que no encontrás tampoco en todos los fileteadores.
O sea, eso ha hecho que se lo acuse de comerciante, marketinero y no sé qué en el ambiente, pero es el tipo que supo cómo vivir la vida que quiso, laburando de lo que quiere laburar y vivirla bien (…). Es tan reconocido como vilipendiado pero más que nada por celos, me parece (…)”.
Igual yo creo que cualquier crítica queda de lado cuando ves el arte y lo que hace.
“Además creo que en los últimos 25 años nadie hizo más que Alfredo para difundir el fileteado. Nadie; individualmente nadie. Desde sus libros, desde su tipo de laburo, desde los laburos que hizo para agencias, para marcas, etcétera. Como que el tipo posicionó o colaboró a reposicionar el fileteado como marca de identidad de la ciudad. Si eso se afianzó durante los últimos 20 años fue gracias a él. De eso no hay dudas me parece, te guste o no te guste”.
¿Y hay algún otro que te haya inspirado? Antes de empezar con la charla me mencionaste a Untroib, ¿él que te produjo?
“Claro. A mí… uno mira mucho a los viejos maestros, eso seguro. Y dentro de los viejos maestros siempre fue Untroib el que me pareció más rico y más interesante.
Tenés dos en realidad siempre de los que todo el mundo habla, que son Carlos Carboni que era un inmigrante italiano y León (Untroib) que era un inmigrante polaco.
El tema, el problema, es que es mucho más lo que se los nombra que lo que realmente se conoce de sus obras (…).
Hay poca bibliografía de fileteado, no hay casi dando vueltas. Tenés el libro de Los Maestros Fileteadores de Buenos Aires que está agotado hace veintipico de años. Tenés los libros de Alfredo y no mucho más. Salió ahora algún que otro libro, pero ni vale la pena nombrarlos.
Y en el libro de Alfredo tenés cuatro páginas de León, cuatro/cinco de Ricardo Gómez que era su maestro; el maestro de Alfredo digo. Y se acabó la parte histórica. Entonces es muy, muy complicado. Y a mí León siempre me gustó por diversas cuestiones: por su laburo en sí mismo, por la multiplicidad de ideas, creatividad, colores que usa… Es como un tipo que hacía fileteado en su época más clásica e histórica, pero con una mente brillante y adelantada a su tiempo.

Y en general cuando vos ves los laburos de todos los fileteadores, todos tenemos como un tipo de flor, un tipo de dragón, algún estilo mucho más marcado. Y León dentro de su estilo, que es completamente reconocible, el chabón como que estaba todo el tiempo creando cosas nuevas de ornamentación, de flores que usaba, de colores que utilizaba, dragones, animales fantásticos… Es como ver a una usina creativa que no aflojaba nunca.
Y yo no lo llegué a conocer porque murió en el año 94’. Yo tenía 12 años en ese momento y todavía me faltaban siete para empezar a aprender fileteado. Pero fue un tipo muy importante más allá de su obra en sí misma, en la historia del oficio y en la supervivencia del oficio. O sea, todos los caminos que hoy vemos como contemporáneos dentro del filete, el chabón los empezó a recorrer él primero; a aplicar él todo esto que decía ahora de Genovese de esto últimos años, etcétera.
Pero lo que es trabajar con publicidad, trabajar con marcas, empezar a hacer fileteados para reproducción masiva o para tapas de disco, de long play en ese momento, para tapas de libros, empezar a dar clases… León fue casi el primero que cambió la lógica de la transmisión del conocimiento de maestro/aprendiz en una carrocería, donde el aprendiz va a barrer el piso y a cebar mates y ver por arriba qué hace el maestro, a empezar a dar clases y talleres. Entonces León, de algún modo en la década del 80’ formó a la mayoría de los que después fueron la primera generación de nuestros maestros, la generación de Alfredo, de (José) Espinosa, de toda esa gente… Tomando clases con él o viéndolo los domingos en San Telmo en una época en la cual no había tantos fileteadores, León hacía ferias todos los domingos en la plaza. Todo ese conjunto, el que quería buscar fileteado, lo encontraba y sabía que estaba ahí. Entonces en ese sentido el tipo era super creativo, innovador, etcétera; y aparte se dedicó a aplicar el fileteado en un montón de otros usos que no se le daba antes y empezó a dar clases. O sea, todo lo que uno hace hoy, empezó con él”.
Y hablando de clases, recién mencionabas que Alfredo fue quien más aportó a la difusión del fileteado. De nuestro lado nos tocó como agencia de viajes por así decir, llevar el fileteado a las universidades a los estudiantes de turismo.
Y acá hay dos puntos: el primero es, ¿vos viajaste al exterior? ¿Tuviste experiencia en el exterior fomentando el arte, el fileteado? ¿Qué experiencia tenés de todo eso?
Y en segunda instancia, que también tiene que ver con la visión que tiene uno como artista, ¿a vos te interesa ser reconocido internacionalmente? Va de la mano de si has hecho viajes internacionales al respecto, que tengo entendido que sí. Y por otro lado, el hecho de que no hay hoy una formación acerca del fileteado más que los cursos y clases dictados por fileteadores y fileteadoras. Digo, uno que quiere estudiar fileteado, ¿a dónde va? A los talleres. No hay una política o algo. He escuchado reclamos de que debería ser algo más universitario. Por ejemplo, Alfredo daba clases en el Rojas, y eso fue lo único que escuché en cuanto a eso.


“Hubo algún fileteador que daba clases en el IUNA, por ejemplo. Pero no sé, son como dos cosas distintas. Por un lado… dar talleres hoy por hoy es una de las formas de trabajo, de supervivencia de los fileteadores. O sea, yo por ejemplo hoy por hoy estando acá en Argentina, estoy dando un taller bimestral de introducción al fileteado; y después tengo grupos de alumnos que son constantes, como que ya hicieron ese taller conmigo, ya tienen conocimientos y continúan haciendo sus proyectos. Y cada tanto doy talleres de letras y alguna cosa más específica. Eso es cuando estoy en ritmo, es como un 50% de mi entrada mensual, viene de los talleres que estoy dando en mi estudio. Entonces es para el fileteador en sí mismo, parte de tus entradas de dinero, ¿no?
Entonces por un lado tenés eso. Por otro lado tenés… cada tanto poder colaborar, difundir el fileteado haciendo actividades especiales con el Gobierno de la Ciudad, a veces en otras instituciones dar charlas o conferencias de qué es el fileteado, cuál es su técnica… Eso es algo que está bueno y que colabora a difundirlo en un mundo un poco más amplio.
En ese sentido, lo que yo siempre traté, en los últimos años sobre todo, es llevar al fileteado a ámbitos donde no aparece, donde no es esperado. Digamos, no hacer una clase de fileteado, una charla sobre historia de fileteado en una milonga, en una tanguería, en un evento relacionado con el tango. O sea, sacarlo de los lugares comunes. Yo me estuve moviendo muchísimo en hacer este tipo de charlas y conferencias en espacios de diseño, donde hay estudiantes de tipografía, gente que se dedica a la caligrafía, lettering, tatuadores… Buscar públicos diversos y mostrar el fileteado en esos ámbitos”.
[…]
“Después el reclamo que vos decís, que tiene que ver con que haya fileteado en las escuelas, me parece que sí es importante. No sé si se refiere al sentido de taller de fileteado que vos me estás preguntando a mí o el tipo de taller de fileteado que yo doy, donde hacés todo un proceso de meses de formar a alguien con fileteado. Por lo menos que una clase o dos clases o un par de clases o una sección, no sé cómo está conformado el currículo de la escuela, dentro de las clases de plástica que le das a un pibe de determinado año en la primaria o en el secundario, que se vea el fileteado. Que no implica quizás algo super práctico, o quizás sí, pero donde le expliques el fileteado, de dónde viene y no sé qué.
En ese sentido, me parece que ahí el rol de los fileteadores, quizás tiene dos formas: una sería que directamente uno sea convocado por las escuelas o los espacios académicos para dar un mes de clases o tres clases, una charla o lo que sea. Y la otra, que quizás es más viable pero que también implica mucha más movida institucional, es que los fileteadores o un fileteador equis o el que sea, dé talleres de formación para docentes; para que después el docente de plástica pueda enseñarle a los chicos algo, que aunque no sea perfecto, sepan de qué se trata (…)”.
Y en ámbito internacional, ¿vos viajaste al exterior? ¿Tuviste experiencia en el exterior fomentando el arte, el fileteado? ¿Qué experiencia tenés de todo eso?
«Y en lo internacional sí, yo vengo viajando casi todos los años desde el 2009, viajando y trabajando con el fileteado.
Trabajando de diversos modos. Al principio iba a muchos festivales de tango. Entonces iba al festival, dentro del festival estaba yo con una mesa los días que se hacen las milongas, los bailes y los eventos. Es casi como ir a hacer feria pero en el exterior, digamos. Como lo que hacía acá en San Telmo los domingos, tenía una mesa con cartelitos que decían “tango”, “Buenos Aires”, “Argentina”, todo eso que ya detesto pintar, pero vas y lo vendés afuera. Entonces lo que hacés dentro del evento, es tener tu puestito, laburar, vender y sobre todo, empezar a generar pedidos de asociaciones, milongas, etcétera. Ahí tenés como todo un mundo, que es el mundo de los argentinos que están afuera, del tango, de los europeos que bailan tango y que porque estuvieron en Argentina conocen el fileteado. El que baila tango y no estuvo en Argentina no sabe tanto de qué se trata. Y después tenés a los argentinos por una lado tangueros que dan clases, que tienen su asociación de tango, su escuela de tango, que son bailarines; y todos esos te van pidiendo laburos, carteles, etcétera, y con eso vas trabajando y viviendo un poco. Y después tenés por otro lado los que están en gastronomía, entonces ahí tenés como otro mundo que es el relacionado con gastronomía, emprendimientos comerciales, restoranes, etcétera. Ahí tenés otro tipo de clientela.

En esos festivales he tratado también en la medida de lo posible de poder cada tanto dar charlas, algo que sea un poco más profundo que solamente ir a vender algo e irme con plata; que está buenísimo, es lo que te hace vivir y pagar los viajes, pero a veces es como que también tenés ganas de hacer algo que vaya un poco más allá.
En festivales de Tango estuve en Portland, Oregon, Estados Unidos; estuve en Italia, en Roma; en Toulouse; en Alemania estuve en un par, en Berlín… Y después viajando y activando estuve en milongas en un montón de ciudades.
Después por otro lado, empecé a ir a unos encuentros de pintores de letras desde el 2014, que fue al primero que asistí que se hizo en Inglaterra. Son eventos donde se juntan pintores de letras de todo el mundo; gente que hace cartelería, todo pintado a mano, etcétera. Y son eventos donde te juntás con colegas y estás pintando todo un fin de semana e intercambiando laburos… Viene uno de Australia, uno de Estados Unidos, uno de Holanda… de diferentes países y son como cuatro días, cinco días de confraternización donde también hay talleres y donde también hay charlas. Entonces dentro de eso siempre traté de hacer algo relacionado con el filete para difundirlo un poco más dentro de ese mundo de gente que hace algo artístico cercano al filete en términos del tipo de pinceles que usas, el tipo de pinturas… pero completamente distinto visualmente. Entonces a esa gente le interesa por lo ornamental (…). Ahí por ejemplo, di talleres de dragones de fileteado, di talleres básicos, hice una charla sobre León Untroib en un encuentro que se hizo en Inglaterra, hice una charla de la historia del fileteado en general… diferentes actividades. Y de esos encuentros… estuve en uno en Inglaterra en 2014, en Ámsterdam en el 2016, en 2017 en Oslo, en el 2018 en Londres y en el 2019 en Japón, en Tokio. Esos fueron todos a los que asistí (…).
Y nosotros estamos medio preparando el nuestro (haciendo referencia a un encuentro) acá, pero ya veremos. Nuestro plan original era febrero del 22. Cuando suspendieron el de febrero del 21 en Finlandia, dijimos: “Si Finlandia lo pasa un año, yo lo tengo que pasar un año”, pero no creo que ya sea febrero del 23. Con suerte va a ser en el 24».
O sea, ¿la idea es armar un evento acá en Buenos Aires?
“Sí, de estos. Que venga gente de todo el mundo”.
¿Vos te pondrías al frente de la organización? Es un buen desafío.
“Sí, sí. Ya lo teníamos medio… no cocido, para nada; pero lo teníamos conversado con varios pintores (…).; lo estábamos hablando en el encuentro en Japón. Y de ahí salió que los de Finlandia iban a hacerlo en febrero del 21 y pasamos el nuestro y así.
Y después lo otro que hice fue dar clases fuera de estos eventos. Estos eventos tienen un público específico, y después di clases en diferentes talleres… Armé talleres en diferentes ciudades del mundo. Casi nunca hubo argentinos; los pocos argentinos que hubo eran gente relacionada con emprendimientos gastronómicos, algo que tenga que ver con qué podían aplicar de fileteado después en su negocio (…). Y después la mayoría de la gente de los talleres que yo di, siempre fueron diseñadores, calígrafos, gente que viene del lettering o del tatuaje; como que el público es ese (…). Quizás lo porteño en sí mismo no les interese tanto del arte, no el aspecto cultural que representa para nosotros la identidad de la Ciudad de Buenos Aires y bla bla, pero sí en términos de lo técnico (…).
Talleres así di en Londres, di en Berlín, di en Ámsterdam, en París… Bueno, en Tokio. Varsovia en Polonia fue el último viaje; en Brasil en Sao Paulo, en Río; en Lima di uno también… En un montón de ciudades de todo el mundo”.

¿Eso te posiciona como artista internacional?
“Ponele, sí (…). Contribuye a crearte un nombre, obvio. Del mismo modo en que acá alguien puede pensar en fileteado y pensar en Genovese, hoy por hoy hay mucha gente de afuera que si piensa en el fileteado piensa en mí; sin sonar pedante, ¿no? Pero es así (…)”.
Mencionaste mucho que ibas a la Feria de San Telmo ¿Hoy ya no vas más?
“No”.
Okey, y ahí quiero entrar en tu vínculo con el turismo. Está esta parte de la feria, está la que conocemos nosotros que formaste parte del Fileteado Tour de 054… Digo, ¿cómo es tu vínculo con el turismo?
“Sí, a ver… Una vez dimos una charla de esto me acuerdo. Vos diste una charla después, ¿te acordás, en San Martín?”
Sí, claro.
«Una de las primeras veces que nos vimos. Con el turismo tenías un par de cuestiones, ¿no? O sea, cuando yo empecé a ir a la Feria de San Telmo en el 2007, 2008, que aparte, era todavía una época de mucho auge de turismo internacional, las ferias se transformaban en el 90% de mis ingresos.
Digamos que el turismo es una fuente importante de laburo para nosotros. Cuando yo empecé a ir a la feria fue algo que me permitió un salto importante en el laburo que yo hacía. O sea, yo hasta que iba a la feria todavía estaba más estudiando historia, entonces laburaba de fileteado; como que hacía la guita necesaria para sobrevivir viviendo con mis viejos. Cuando yo termino de cursar la facultad, que fue en el 2007, una cosa así, ahí tuve más tiempo (…) y dije: “Bueno, voy a buscarme un lugar en la feria a ver qué onda”. Y empecé a ir ahí en una época donde se vendió un montón, se laburaba super bien, estaba lleno de turismo (…). Fue un salto importante y me permitió mucha más independencia en mi laburo, en mi vida, etcétera.

A la vez, siempre tuve la noción de que no quería laburar en la feria para toda la vida y siempre laburé moviéndome para que ese índice cambiara, porque decís: “No podés depender de los domingos”, porque dependés del clima y dependés también del día, porque es un azar. Hay días que vendés más, hay días que vendés menos, días que no pasa nada… Entonces no puede mi vida depender de una incertidumbre, que es lo que le pasa a la mayoría de los compañeros; lo sigo viendo eso todavía. De los compañeros me refiero no solo a fileteadores, a los compañeros que iban a la feria (…). Aprovechás lo mejor que te da la feria pero no descansás en pensar que tenés todo solucionado porque te va bien un domingo, dos domingos.
Y más allá de lo económico, lo que me dio la feria fue un montón de contactos en una época previa a la exacerbación de las redes sociales que es hoy. Entonces en ese momento, generé contacto con gente de todo el mundo».
[…].
“Después con el tiempo me fui cansando un poco. Siempre contemplé que no quería vivir, laburar en la feria toda mi vida. Siempre pensé que iba a laburar ahí hasta los 35, una cosa así, y al final laburé un par de años más.
En los últimos años ponele que yo aparte… ¿Cómo decirlo sin que suene mal? Es como que cada año laburo más y laburo mejor. Mejor en el sentido de la calidad que uno hace, y cada año uno es un poco más conocido en lo que hace, en su mundillo. Entonces eso hace que cada vez suba más mi precio (…). Tengo a alguien que me ayuda cada tanto; ahora tengo otro colega que viene y pinta conmigo los lunes por lo menos en ciertas partes donde la mano no es tan delatora, digamos. Hay procesos, hay cosas que sí puedo dejarle a alguien que haga, otras cosas que no (…)”.
Acá entro en un punto de inflección en tu vida me quiero imaginar. Te casaste y fuiste padre. Digo, yo me pongo a pensar en un padre de familia un domingo, querés estar con tu familia.
Y yendo a esta pregunta, no sé si es esa la respuesta, eso lo sabés vos, ¿qué fue lo más lindo que te pasó en el fileteado? No sé si es eso.
“Y sí, es eso, claramente”.
Personalmente yo hago broma con esto pero en algún punto lo digo en serio, me siento como padrino en esa situación. Es más, fue la escuela Expanish que se comunicó porque quería hacer el Fileteado Porteño Tour. No juntamos gente, creo que había sido…
“No, ella quería tomar clases. No quería hacer una cosa de un día”.
Claro, la chica que me llamó, con desconocimiento de que podía haber clases de manera continua, me llamó por el tour. Yo ahí le salí con las clases o algo así… Bueno, contalo vos, que lo más lindo que te pasó fue conocer a tu mujer y la madre de tu hijo.
«Y sí. Sí sí, tal cual, fue así. Eso fue en el 2016 con Nina que nos conocimos. Vos me escribiste y me dijiste: “Che, hay una chica rusa que quiere tomar clases particulares” y no sé qué. Y yo dije: “Ah, uh qué bueno” y no sé qué, “que sea linda” ¡Las cosas que uno piensa cuando pensás en una chica rusa!
Y fue eso justamente, no lo que solemos hacer que era el tour, sino que lo que ella quería era tomar clases particulares. Entonces vino cinco días a mi taller a lo largo de dos semanas (…).
Entonces Nina vino, nos conocimos ahí dando clases, entre fines de abril y principios de mayo de 2016 (…). En el medio de eso, creo que fue en la primera semana de clases, me pregunta si conocía yo un lugar para ir a ver tango, un show de tango en vivo o algo así. Y yo me reía porque como que una de mis trampas para salir con chicas era que mi mejor amigo tocaba en La Fierro, entonces siempre llevaba a las chicas a ver a La Fierro. Y digo: “Esta chica rusa viene y me pregunta por una tanguería”».
O sea, entró en tu trampa, la que ya tenías pensada.
«No, yo no, en ese momento no porque hacía dos días que la conocía. Y fuimos a ver a La Fierro me acuerdo una semana, en la primera semana. Pero fue eso, nada más. Tomamos un vino y no sé qué, y listo, chau. Era una alumna.
Y ya después en la segunda semana la empecé a mirar con más cariño. Y vino… creo que terminamos las clases un miércoles, jueves y viernes. Y el jueves ese, inauguraba Alfredo una muestra y yo creo que le di clases de 3:00 a 5:00 y le dije: “Che, a las 7:00 se inaugura una muestra de fileteado de mi maestro, si querés vení”. Después vino a la inauguración de la muestra de Alfredo en el Museo de la Ciudad, después se fue y dijo: “Veo, capaz que hablamos más tarde” y no nos vimos. Al día siguiente era la última clase y quedamos en que íbamos a ir a comer al otro día, que era un sábado a la noche. Y el domingo a la noche se volvía a Moscú, y así fue que surgió el amor.

Salimos ese sábado, me quedé todo el domingo con ella, falté a la feria ese domingo. Le dije: “Si querés me quedo con vos todo el día”, y me dijo: “Sí, quedate”. Falté a la feria y nada, después empezamos a mandarnos mensajitos… Yo me iba a ir dos meses a Europa ese año de soltero, un viaje furioso de soltero, y terminé yendo a Rusia a verla. Y bueno, estando en Europa nos juntamos. Apenas llegué yo a Europa, ella me vino a ver a Toulouse, después nos volvimos a ver en Praga y después fui yo a Rusia y estuvimos en Moscú donde ella vivía y en San Petersburgo… Y así hubo un año y medio que estuvimos de pareja a la distancia, yo viviendo acá, ella viviendo allá, viéndonos cada tres meses, cuatro meses. Y después en un momento ya ella quería renunciar a su laburo, tomarse un año sabático y bueno, vino para acá y está viviendo acá desde septiembre del 2017.
Así que sí, y un poco Nina, un poco después el bebé que nació en septiembre del 2019, yo igual seguí yendo a la feria hasta febrero del 2020, pero ya con cada vez menos ganas. Y Nina iba a comer con mis viejos y con mi hermano los domingos… Yo terminaba la feria e iba, y así, pero cada vez con menos ganas. Y en realidad la cuarentena me vino al pelo, digamos. Con la cuarentena nunca más volví a la feria (…)».
Ya entrando en la final, después de toda tu historia y todo lo que vas avanzando como artista, ¿vos cómo te ves en un futuro?
«No sé, yo creo que lo que queremos es… y digo queremos porque ahora Ferrari Fileteados es también Nina, queremos poder vivir bien sin pasar a premios, sin estar pensando en que: “Uh, no podemos hacer esto, no podemos hacer aquello o hay que cobrar tal laburo para hacer esta otra cosa”. O sea, vivir con comodidad y con confort, no sobrevivir. Vivir bien de lo que uno hace, hacer respetar el laburo en ese sentido, de poder tener tu precio y que la gente pague tu precio.
En términos de laburo, seguir mejorando. Quizás quisiera en algún momento cambiar un poco la lógica del tipo de trabajo que yo hago. O sea, que no sea tanto laburo por pedido como es permanentemente, sino también poder hacer muchas más cosas que uno haga, que uno cree y después pueda exponer y vender. Me gustaría quizás cambiar un poco la escala, como pintar algo… pintar murales, como cambiar de escala del filete, de lo que hago yo. Todo lo que uno hace tiene un tamaño determinado, porque con toda la furia es algo que mide un 1.10×70, cosas así. Quisiera poder cambiar un poco de materialidad, usar más grafitti, usar más spray, pasar a tamaños más grandes. Y cosas que quizás no sean hechas por guita; en el sentido que no necesariamente tiene que haber una relación económica en la elaboración de una obra.
Y después bueno, nada, como cosas más puntuales tenemos varios proyectos que tienen que ver con poder publicar, alguna publicación propia sobre técnica de fileteado… Estoy trabajando en un libro sobre León Untroib que espero que salga este año. Y después tenemos un mini proyecto de Instagram que es un abecedario que vengo haciendo misceláneo de letras que no tienen nada que ver con el fileteado; letras pintadas a mano pero todas distintas de las otras. Y bueno, vamos por la Ñ, la idea es que cuando lleguemos a la Z poder hacer una muestra, publicar un cuadernillo con todas las letras, los bocetos, hacer un póster, etcétera (…)».



Bueno, recién me contabas de los proyectos nuevos. A mí el que me mencionaste del evento, me resulta como un desafío super interesante.
“Sí, sí porque hay que coordinar mucho, desde encontrar un lugar hasta coordinar un montón de cosas internacionalmente… Tenés que crear un sitio web, una comunicación específica… O sea, pero esos son los talentos de Nina también. Nina además de ser una gran pintora, es Especialista en Marketing y Ventas. Entonces es la que sabe y gestiona todo eso”.
Bueno, en ese sentido, ella te ayudó a posicionarte en las redes, ¿no?
“Sí, sí, claro. Todo eso es trabajo de ella. Pero más allá de eso, cuando salen laburos donde puede colaborar, ella colabora (…). Estamos laburando mucho digital, de eso no hablamos nada. Yo no lo toco tanto, se encarga más Nina, pero estamos laburando mucho fileteado entregando en formato digital (…)”.

Y la última: ¿Cómo definís vos al arte de filetear o al fileteado? Con una frase, algo así de cabecera… Digo, yo he escuchado en algunos lados por fileteadores mismos que el fileteado es un tango pintado…
«A mí te juro que no me gustan ninguna de esas frases que te encorsetan, las que te encorsetan en cosas, ¿sí?
Es el arte de Buenos Aires, punto. No es un tango, es el arte de Buenos Aires. Y Buenos Aires es mucho más que tango y el fileteado es mucho más que tango. O sea, eso de decir “el pensamiento triste que se baila”, “el pensamiento alegre que se pinta”… no sé, siempre me parecieron horribles definiciones del fileteado. Porque aparte, ¿por qué tenés que asociarlo al tango y nada más? Buenos Aires es mucho más que tango y el fileteado también. Y de hecho, a mi criterio, la relación del fileteado y tango es mucho más moderna de lo que se cree».