
Entrevista a Diego Prenollio: «el filete porteño nunca fue un arte académico»
Diego Prenollio es un fileteador bonaerense y ex Presidente de la Asociación de Fileteadores. Charlamos con él y nos compartió sus experiencias y nos adentró un poco al mundo de la Asociación ¿Querés conocer más a los fileteadores? Entonces este artículo es para vos.
(*) Entrevista realizada en agosto de 2021.
Contame un poco sobre vos y a lo que te dedicás ¿Cómo llegaste a conocer el fileteado?
«Yo soy fileteador entre otros oficios (…). Y al filete medio que ya lo conocía de vista, digamos. Como más o menos todos. Al principio cuando alguien te pregunta si sos fileteador, qué es el filete, por ahí vos le decís: “Como se pintaban antes los colectivos”, y ahí la gente se da cuenta que ya lo conoce pero ni sabe cómo se llamaba ni que es una técnica especial. Pero todos tenemos la referencia más o menos de qué es el filete.

Siempre estudié pintura y dibujo desde los seis años con profes del barrio, en el club… Hice un curso de filete como a los 17 años en Monte Grande, yo soy de Monte Grande. (Allí) hice con un fileteador de Lomas de Zamora, Jorge Dieguez. Primero dio un taller de letras, de pintura de letras a la noche, en la que era como una escuela de artes y oficios. Y eso duraba todo el año… Yo ya venía haciendo letras con otro profe que era un maestro paisajista con el que yo pintaba. Y él a la vez era letrista, así que también me empezó a enseñar algunas herramientas de las letras y a veces lo acompañaba a pintar. Lo ayudaba a hacer alguna vidriera o algún cartel. Eso fue antes, tipo a los 15, por ahí.
Pero después hice el taller de filete con Jorge a los 17, que era una vez por semana. Era un cursito básico, pero estaba piola. Con eso aprendí un poco las bases del filete, el repertorio, las herramientas, el modo de trabajarlo. Y lo hacía con mi viejo al curso, íbamos los dos. A mi viejo le gustaba también siempre pintar, dibujar, así que íbamos los dos».

Diego continúa relatando sobre sus comienzos en el filete porteño y sobre una problemática, que es la falta de visibilidad de este arte: «Y después durante mucho tiempo no hice más nada. Empecé Bellas Artes, estudié pintura, dibujo… Después me pasé de carrera, estudié escenografía. Y nunca en la facultad me hablaron de filete porteño. Estudié en la Pueyrredón la carrera de dibujo y pintura; y después en la Cárcova, Licenciatura en Escenografía. Pero nunca me hablaron del filete porteño (…). El filete porteño, y todavía sigue sucediendo, nunca se enseñó en la academia. Nunca fue un arte académico. No forma parte de la currícula escolar en ninguna instancia de la educación; ni en la primaria, ni en la secundaria ni en las universidades. Y en la de Bellas Artes tampoco, ni siquiera de nombre. Yo creo que ese cambio ya se necesita. No como una materia ¿viste?, pero sí al menos tener un par de charlas, de lecciones, que hablen de qué es el filete; porque es una expresión de arte puramente argentino y popular. Y por eso también siempre estuvo fuera de la academia… Los fileteadores nunca fueron estudiosos. Salvo… El único caso que se conoce de un maestro que haya tenido formación práctica, fue León Untroib. El resto de los fileteadores pintaban por intuición. Aprendían de ver y de ir haciendo. Siempre el oficio se fue transmitiendo de un maestro a un aprendiz en un ámbito de trabajo.
Y esto de que haya cursos de filete es algo que empezó en los 90’. Gómez (Ricardo) empezó con eso en los 90’. Genovese (Alfredo) también lo hizo muy conocido con los cursos que empezó a dar en el Rojas. Bueno, yo empecé en el 94’ mi primer curso de filete, que era un curso de una escuela de artes y oficios. Pero es en los 90’ que empieza. Antes fue siempre un maestro pintando un carro, un camión, una vidriera, con un pibe o dos al lado a los que le enseñaba cosas. Le ayudaban a mezclar los colores, le alcanzaban cosas, y así iban aprendiendo. No era fácil tampoco (…).

Pero bueno, mi formación vino de ese lado. Después durante mucho tiempo, que era el tiempo en el que yo estaba sin trabajo y eso, empecé a vender carteles en ferias. Hacía cartelitos, juntaba botellas de la calle… botellas de vino, de damajuana y eso, y las pintaba y las vendía en la feria, en Plaza Francia antes del 2000; en el 96’, 97’, por ahí. Lo hacía en Plaza Francia y después en San Telmo. Llevaba cartelitos, encontraba cosas por la calle como cajitas de madera, cosas así viejas, las pintaba y las llevaba para vender (…). Después no hice más nada. Estaba haciendo teatro yo, otras cosas…. Cuando quise a volver a pintar filete, que lo extrañaba mucho, empecé a buscar por Facebook a algún fileteador. Y ahí encontré a Memo Caviglia. A Memo lo encontré, me gustó y vi que tenía mucho carro, muchísimo carro. Era súper tradicional el trabajo de él. Fui por un tiempo a su taller… Habré ido cuatro, cinco meses los fines de semana, sábados y domingos. Nos hicimos amigos, y caí justo en el tiempo en el que se estaba armando el Primer Encuentro de Fileteadores, así que ahí empecé a formar parte de algunas reuniones que se hacían por el encuentro y empecé a conocer a otros fileteadores. Y bueno, nos quedamos como amigos con Memo. Después cuando se armó la Asociación estaba en el grupo como prosecretario, ahí ya me quedé en la Asociación. Fui prosecretario primero, secretario después y ahora soy presidente».






¿Y ahora te dedicás exclusivamente al filete o seguís con otras cosas?
«Sí y no. Los años anteriores, desde hace ya como unos 15 años o 16 ya, trabajé mucho en el tema de vestuario. Fui vestuarista de teatro y escenografía. Hice varias obras de teatro y eso y tengo mi taller de realización. Y encontré una veta ahí de vestuario dentro del mundo del patinaje artístico. Entonces, en los últimos años vengo haciendo mucho vestuario para patinaje artístico, para equipos de competencia (…). Y venía trabajando mucho con eso y con el filete también, pero con el filete un poquito menos porque el mundo del vestuario me ocupaba todo el tiempo. Era todos los días y me empecé a cansar un poco, era muy estresante.
Y el año pasado (2020) con la cuarentena, todo lo que tenía de pedido de producción de vestuario se canceló por completo. Tenía pedidos ya para casi todo el año (…). Con la cuarentena se canceló todo y me quedaron los vestuarios guardaditos en el taller. Me puse a pintar más; así que dije: “¿A ver qué hacemos?”. Le di más manija a las redes, a Facebook, a Instagram sobre todo, a pintar más y a tratar de promocionar más la parte de filete, que muchos contactos que tenía de vestuario no sabían que yo hacía eso.

Yo me mudé a San Vicente hace poco, hace dos años; así que el año pasado hacía un año nomás que estaba viviendo acá. Y en el barrio nadie sabía que yo hacía filete. Si bien estaba con mucha actividad dentro de la Asociación, como actividad laboral era como un segundo trabajo. Lo hacía cuando tenía tiempo. El año pasado pasó a ser mi primer trabajo y le empecé a dar manija. Ahora estoy exclusivamente con eso. Algunas cosas salteaditas de vestuario hago, que me quedaron ahí dando vueltas, pero estoy tratando de resolverlas para ya sacármelas y seguir solamente con el filete».
Y además de haber tomado clases con Memo Caviglia y tu primer maestro de la adolescencia que me contabas, ¿tomaste cursos con otros? ¿O vos mismo después fuiste desarrollando tu técnica?
“No, no. Pero aprendí mucho de José Espinosa, por ejemplo, al charlar con él. Las primeras reuniones que hacíamos de comisión en el Bar del Filete, en el Museo de la Ciudad… Hicimos algunas en el Cabildo y después las hacíamos en un restorán en Av. de Mayo. Como los dos vivíamos en Zona Sur, nos volvíamos en el subte y en el tren. Entonces, vos estás charlando con José y le preguntás cualquier cosa del filete, y saca del bolsillito de la camisa una birome, un papelito y te explica en dos segundos cómo hacer un acanto, cómo hacer un caballo, cómo construir, cómo componer. Entonces de eso aprendés mucho. De los colegas al estar trabajando y hablando de filete se aprende un montón. Aprendés de historia, de técnica, de truquito, de cosas…
Y de Memo también porque trabajé mucho con él. Con Memo estuvimos mucho tiempo, tres o cuatro años, pintando murales. No murales de filete. En algunos podíamos meter algo, pero el hecho de estar trabajando, usar las mismas herramientas y charlar todo el rato, también me dio mucho conocimiento en muchas cosas (…).
Ahora pasa menos porque el grupo ya lleva mucho tiempo trabajando juntos, pero más al principio se hablaba muchísimo de técnica, se compartían anécdotas… Ahora como que ya están repetidas las historias. Pero pasó mucho tiempo. Y cuando hicimos el trabajo de UNESCO (postulación del Filete Porteño a la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial) fue también un trabajo interesante, porque fueron muchos días de juntarnos varios fileteadores para charlar sobre filete, sobre historia, sobre técnica, sobre todo; y eso también fue muy enriquecedor. Eran dos horas, tres, de estar tomando café, comiendo medialunas y hablando de filete todo el tiempo. Y pensándonos hacia adentro, como tratando de recordar historias, de buscar caminos, de ir reconstruyendo un poco la historia del filete. Todo eso te enriquece un montón.
Y después a la hora de pintar hay que practicar. Yo nunca dejé de pintar, más allá de que por mucho tiempo el filete no era mi primer trabajo (…)”.

Artísticamente, además de haberte dedicado mucho a la parte de vestuario, a la parte teatral, referido a la pintura, ¿hacés otros trabajos ahora? ¿Indagaste en otros estilos?
“No, como estilo pictórico no. Mi imagen ya es el filete. La busqué durante mucho tiempo, pero no. Sí dentro del vestuario creo que tengo cierto estilo (…). Después sí durante un tiempo estuve llevando adelante un proyecto con un amigo grafitero, que hacíamos graffiti-filete. Eso estuvo muy bueno, ahora hace rato que no lo hacemos. En Monte Grande, nuestro barrio, pintábamos muchos murales grandes mezclando filete y graffiti. Así que ahí empecé a trabajar con aerosoles también… El trabajo de mural siempre me gustó mucho. Este pibe es Crees, firma él. Se llama Cristian, pero se lo conoce como Crees. Él vivía en la esquina de casa y no nos conocíamos (…). Empezamos a pintar juntos; él pintaba personajes, perritos, pajaritos, peces… Muy, muy colorido. Y empezamos después a mezclar cosas… Mezclando filete, mezclando sus personajes y poniendo frases alusivas al barrio. Elegíamos frases muy cortitas, sencillas de algunos tangos y poníamos esas frases en los murales, buscando una identidad dentro de nuestro barrio. Eso lo hicimos mucho tiempo, pintamos muchos murales juntos. Ahora hace rato que no lo hago y lo extraño bastante… Trabajar en grande, preparar el boceto, charlar con los vecinos, estar pintando y que alguno te traiga un mate… Bueno, cuando se podía, ¿no? O una coca, un sanguchito una vecina…. Eso está re bueno”.
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«Hace unos años se empezó a acuñar una frase que dice: “Filete porteño, arte popular argentino”. Y me gusta siempre pensar que el filete tiene eso de popular, que la creación, el repertorio y la imagen del filete y de las frases que también es algo característico del filete, no es solamente creación del fileteador, sino también de la persona que es gustosa del filete. No podemos saber si el primer fileteador que pintó a la Virgen de Luján en un carro la pintó porque él quería pintarla o porque el dueño del carro se lo pidió. Entonces eso hace a una creación colectiva. Eso me parece que tiene cierta diferencia con otras artes donde el artista está en su taller, trabajando un concepto, buscando una técnica, buscando aportar algo… Por ahí en un entorno más propio, más encerrado. El fileteador pinta mayormente a pedido de otra persona. Entonces en eso hay otro diálogo. Cuando se pinta alguna frasecita en un carro es lo mismo… La frase por ahí te la trae el dueño del carro y no es una decisión del fileteador. Entonces ahí la creación es entre los dos, entre las dos partes (…)».

¿Cómo tomás tu cargo de Presidente de la Asociación? ¿Cuáles son tus responsabilidades o tus tareas?
«Muchas, ¡a veces no duermo! El trabajo interno dentro de la comisión directiva siempre fue un trabajo como en una mesa circular, por así decirlo. No pesa más un cargo que otro. En algunas cosas por ahí sí, pero en general la mayoría de los temas se charlan, se tratan y se llega a un consenso o a un acuerdo. Si a veces no estamos de acuerdo se termina haciendo alguna votación y bueno, se decide por mayoría alguna cosa importante. Se discute mucho y se charla mucho, y la verdad que está bueno porque hay muchos puntos de vista diferentes. Y eso es algo muy rico, porque uno por ahí está con una idea y otro lo plantea de otro modo, y te das cuenta de que por ahí la estabas pifiando en lo que pensás porque se puede enriquecer más.


En general, siempre tratamos de hacer cosas que ayuden a promocionar y a hacer crecer el filete. Así conseguimos, por ejemplo, lo de UNESCO. Ese fue un trabajo grande que se hizo con la comisión directiva hace varios años. Lo mismo la muestra en China, que nunca se había hecho una muestra de filete en China. Y se logró hacer una muestra que duró dos meses en dos ciudades grandes con cuarenta y pico de obras de acá y se vendió toda la colección completa. Eso no pasó otras veces.

Y después trabajos más chicos. El año pasado no se pudo hacer casi nada… Tuvimos el primer encuentro de fileteadores de forma virtual. Cuando empezó a pasar esto dijimos: “Bueno, tenemos la cuarentena; pero falta todavía”. El Encuentro Anual de Filete es la actividad más importante que tenemos durante el año. Faltaba un motón para septiembre, que es la fecha en la que se hace, y empezaron a pasar los meses y veíamos que la cuarentena se extendía, así que decidimos que el encuentro lo queríamos hacer igual. No podíamos no hacerlo; se hizo virtual. Fue todo un descubrimiento de cómo hacerlo».
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“Al haber empezado el año pasado con mi cargo de presidente, que a los dos meses arrancó la cuarentena, me sentía un poco en la obligación de ser más fileteador o mejor fileteador. No porque el cargo me lo exija, porque el trabajo que se hace dentro de la Asociación tiene que ver con la gestión, con otra cosa, no con cómo pinta cada uno. Sí el conocimiento de la técnica y eso hay que tenerlo, pero tiene que ver con un trabajo hacia otra cosa. O sea, llevar el filete a otros espacios en los que no está, hacerlo más visible, tener mejores trabajos para todos… Tiene que ver con un montón de otras cosas. Pero internamente yo sí me sentía con la obligación de que, si soy el presidente de la Asociación, quiero pintar mejor, quiero pintar más, quiero crecer un poco (…)”.




Por último, ¿cuál es una de las mejores experiencias que tuviste gracias al filete porteño?
“Uh, muchísimas. Muchísimas. Bueno, yo creo que más allá de la experiencia cotidiana de pintar y eso (…), me parece que lo más lindo es el contacto con los colegas. Creo que esa es de las cosas que más me nutren. El trabajo de la Asociación con los amigos y con los colegas creo que es lo más importante, porque es un crecimiento en otros sentidos también. Encontré un montón de amigos dentro del mundo del filete; como haber conocido a Memo, haber trabajado con él, haber compartido tantas cosas, haber aprendido tantas cosas de él”.
Para conocer más sobre Diego Prenollio y su trabajo, podés encontrarlo en su Instagram diegoprenollio