
Las mujeres en el Fileteado Porteño
El fileteado porteño surge a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en las carrocerías porteñas, lugar de trabajo típico de hombres. Con el correr del tiempo, y especialmente en nuestra época, el filete llegó también a las mujeres. Consideramos que merece un lugar especial hablar de ello, justamente porque no era un oficio para mujeres y tampoco tenían la posibilidad de acceder.
Hoy en día tanto hombres como mujeres se dedican al fileteado porteño, pero hubo un largo camino hasta llegar a eso. Como creemos que es interesante tratar el tema, entrevistamos a dos talentosas mujeres fileteadoras, Diana Neumeyer y Silvia Dotta. Desde su experiencia, nos contaron en diferentes entrevistas su punto de vista y sus experiencias respecto a las mujeres en el fileteado porteño.
¿Sabés cómo surgió el fileteado entre las mujeres?
Diana: “Mirá, creo que diferentes mujeres como yo nos acercamos al filete por diferentes inquietudes. Esta es una pregunta que la hacen mucho, la verdad. Si bien el ambiente del fileteado era en las carrocerías, no era un ‘lugar apto para una mujer’, o no se acostumbraba tal vez a principios del siglo pasado a esto. En la medida que cambió el soporte, también creo que cambió la posibilidad de las mujeres en poder acceder.
Todas las fileteadoras que conozco se han acercado a algún maestro para formarse, son miembros de la Asociación (de Fileteadores); muchas trabajan en ferias… La Feria de San Telmo, en La Boca vendiendo… son feriantes. Hay fileteadoras que también están en el interior”.
Silvia: «Hay distintas versiones según la experiencia personal de cada fileteadora. Por un lado yo pienso que, obviamente, por una cuestión natural de que en el momento en el que nace el fileteado porteño, al ser una actividad que surge en carrocerías y que eran excluyentes para las mujeres, todos los primeros fileteadores han sido varones. Y se enseñaba el oficio de maestro a discípulo, uno a uno, en los talleres. La otra vez hablando con una colega, Ainelén Blanes, que es una excelente fileteadora, a ella se le ocurrió pensar que seguramente habrían mujeres que tuvieron ese deseo y que no pudieron; pero no tenemos registro de eso. Yo en lo personal, como fileteadora, me dedico a hacer objetos y cartelería. Es un oficio en el que me desempeño dentro del ámbito de mi taller en mi casa. He hecho trabajos en los que en ocasiones se dio milagrosamente que me surgió la posibilidad de hacer un colectivo, pero no trabajo en una carrocería. Ainelén por ejemplo, que le encanta trabajar en la calle y hacer vehículos, contaba que la otra vez fue alguien a su taller a buscar al letrista. “Vengo a buscar al letrista” le dijo, “soy yo la letrista”, le respondió. Esperaba a un varón.


Hoy cualquier mujer que tenga el deseo lo hace y no va a haber ningún inconveniente, salvo quizás la resistencia o la sorpresa de algún cliente. Pero en su momento, seguramente habrá habido alguna mujer a la que le hubiese encantado trabajar fileteando y que no lo habrá podido hacer».
Silvia nos cuenta que llegó un momento en el que apareció el plotter y que mucho trabajo de los fileteadores se reemplazó porque era mucho más rápido, económico y prolijo. Los fileteadores tuvieron la disyuntiva de si debían comprarse un plotter para seguir trabajando o aferrarse al filete. En sus propias palabras, continúa: «Muchos fileteadores, en un momento en el que empezó a mermar mucho el trabajo, como recurso laboral también abrieron sus talleres para dar clases. Y ahí hubieron muchas mujeres que empezaron a aprender.
Y otra cosa que escuché decir, si bien yo no fui discípula de Ricardo Gómez, su esposa aparentemente le insistió mucho a Ricardo para que le diera clases a mujeres. Como que las mujeres iban a salvar al fileteado. Y tuvo muchísimas alumnas y hubo toda una nueva generación de mujeres que empezaron a filetear. Lo que pasa es que hay todo un tema, porque el filete porteño es una técnica que para aprenderla bien, y para convertirte en un fileteador que puede desarrollar cualquier trabajo bien, lleva muchos años (…). Eso hace que los varones nos lleven 20, 30 años de ventaja. Recién ahora empiezan a haber mujeres fileteadoras después de muchos años, porque hubo toda una generación de mujeres que empezaron a filetear hace no más de 10 años».
¿Estuviste aprendiendo de alguna mujer fileteadora?
Diana: “Muy buena pregunta. Eh… no. En realidad tuve maestros hombres. Las mujeres fileteadoras recién ahora mayormente empezamos a dar clases. Yo empecé más o menos hace tres años, pero no tuve la oportunidad de tener una maestra fileteadora. Creo que recién ahora empieza a haber una camada de mujeres maestras fileteadoras”.
Silvia nos cuenta que aprendió a filetear con una vecina suya, Susana de León y que, si bien no se había dedicado a eso, le transmitió todos los primeros conocimientos sobre este arte: «Yo establecí una relación muy linda, muy importante, muy estrecha con Susana de León, que era mi vecina y fue mi maestra. Ella es uruguaya y volvió a Uruguay, pero quedó como ese vínculo y ese reconocernos en el legado que a mí me había transmitido, que a mí me había transformado la vida. Una vez me dijo Susana que ella sentía que el objetivo de aprender a filetear era porque me tenía que transmitir a mí (…). Yo le voy a estar eternamente agradecida a Susana, porque además fue muy generosa y lo que me supo transmitir es eso que tiene en su esencia el filete porteño (…)».

¿Hay alguna mujer en la que te hayas inspirado, en la que te inspires, o que sea para vos una referente en el filete?
Silvia: “Mirá, nosotros somos un grupo de colegas que estamos muy unidos en esta tarea. Me he hecho muy buenas amigas, como por ejemplo Diana Neumeyer a quien vos entrevistaste, que vive cerca de mi casa. En mis inicios habían pocas referentes mujeres. Habían algunas mujeres a las cuales les habían hecho una nota en una revista, la revista Federal. Y yo me acuerdo que vi esa nota; estaba Patricia Berman, Claudia Berlusconi y Sandra Fernández, creo que se llamaba. Bueno, eso me inspiró, me inspiró ver a referentes. Yo hacía menos tiempo que ellas que fileteaba, aunque no mucho menos.
Después hay varias fileteadoras a quienes admiro. Hay gente muy joven, como Paula Di Pietro, que es re jovencita y filetea increíble (…). Pasa el tiempo y va a ir cada vez mejorando más, y ya es una excelente fileteadora. Y también esta fileteadora que te mencioné, Ainelén Blanes, que es muy artista y le encanta hacer el oficio bien de fileteador. Es una artista, como cuando ves una persona que es artista en todo su manera de encarar el trabajo y la vida.
En realidad admiro a todas mis colegas, y estamos todas transitando por esto. Hay muy buena onda, y es como que te gusta ver cuando tus colegas hacen buenos laburos. Después otra a la que admiro mucho es Barbi Chilito, que es una fileteadora muy joven también, que fue discípula de Freddy Fernández, que es un fileteador que amamos y que falleció. Tuvimos varias pérdidas muy duras y dolorosas de colegas entrañables como Memo Caviglia y Freddy Fernández. Y bueno, Barbi Chilito es murguera y filetea; vive en Lugano y filetea muchos bombos, bien popular. Es muy, muy buena fileteadora”.
Diana: “Sí, hay una mujer que para mí es referente en el filete. Se llama Ainelén Blanes. Ella es de Mendoza y vino a Buenos Aires de muy joven, sola. Vino a estudiar fotografía y terminó acercándose al filete porteño. Transitó también muchos talleres y actualmente es una mujer fileteadora que realiza muy bien el oficio; es letrista y trabaja para diferentes locales que los pinta. Pinta los vidrios, pinta las letras, hace murales. Prepara todo un local, ya sea un restorán, una despensa o un bar, lo que sea. Y para eso hay que tener mucho oficio; hay que trabajar con muchos elementos, hay que trabajar con finas líneas, hay que subirse a un andamio, escalera, trabajar con el nivel, el metro… Generalmente cuando alguien trabaja en un local con estas características, hay otros gremios. O sea, hay albañiles, hay electricistas… Hay que convivir siendo mujer en estos ambientes y poder llegar a tener camaradería y un lazo solidario. Y creo que sí, que ella es un modelo porque lo hace, lo logra y realiza trabajos que son realmente impresionantes.


¿Sabés si se llevan acciones desde la Asociación o desde algún otro lado para que el fileteado llegue a más mujeres? Sigue habiendo un menor número de mujeres en el oficio, ¿no?
Silvia: “Me parece que es una cuestión de tiempo eso, lo de menor número. Lo que yo te decía de que para desempeñarte como fileteadora a nivel profesional tenés que filetear durante muchos años, digamos que hay muchos fileteadores que nos llevan ventaja porque hace más tiempo que filetean (…)”.


En un momento, ambas fileteadoras hablan sobre cómo es el ambiente en el que trabajan, el cual lo componen en gran medida hombres. En sus palabras, cuentan:
Silvia: “En lo personal, nunca sentí una resistencia o una menospreciacion de mí como artista fileteadora por ser mujer. Puede que a alguien le haya pasado. Mi primer maestra fue mujer, pero todos mis maestros han sido muy generosos y no he sentido nunca, ni en los talleres donde he estado, ninguna clase de discriminación o de menosprecio por mi condición, al contrario. Estoy más que agradecida a mis maestros varones, y que han sido varones la mayoría por una cuestión natural de donde viene el filete, y que por la evolución natural ha hecho que fueran varones las primeras generaciones de fileteadores”.
Diana: “La verdad que la convivencia entre las fileteadoras y los fileteadores es excelente. No es para nada, por lo menos desde mi percepción, un ambiente machista, expulsivo… Todo lo contrario, es totalmente permeable; súper generosos los maestros con las maestras. Tenemos una linda convivencia, hay muchísimo apoyo. Por ejemplo, en la sede de la Asociación se nos ocurrió que estaría bueno que hayan maestras también. Hicimos una convocatoria y dos maestras empezaron a dar clases de filete porteño en la Asociación. Creo que hay una pluralidad que es bastante importante, y la verdad es que hay una linda convivencia”.
Más allá de que ustedes están en el filete porque es lo que les gusta y de lo que trabajan, ¿qué cosa sentís que es interesante comunicar como mujer fileteadora?
Diana: “En principio el filete porteño iba acompañado de la voluta, de la ornamentación, de las banderas, las bolitas, de los dragones… Y había letras: decían ‘panadero’, ‘lechero’, ‘carnicero’, o lo que sea. Y atrás muchas veces en el camión había como alguna ‘frase’, que era como algún piropo. Y algunas de estas frases, por lo general, eran denigrantes para la figura o el rol de la mujer. Creo que esto fue cambiando, esto ya no se promueve, ya no se escucha. Ya se entiende que el piropo es invadir al otro, o al cuerpo del otro. O poner frases maliciosas en contra de la mujer o de la suegra, es demodé. Me parece que esto se fue depurando y básicamente ya no existe más.
Para conocer más sobre el trabajo de las fileteadoras, podés seguirlas en sus redes sociales: Diana Neumeyer: diananeumeyerfilete – Silvia Dotta: silvia_dotta