
Tuvimos el placer de entrevistar a José Espinosa, fileteador de muchos años de trayectoria. La entrevista consiste en dos partes: en esta nos habla sobre su experiencia como fileteador y en la otra parte nos cuenta sobre León Untroib, su maestro. Podés encontrar la segunda haciendo clic acá.
Presentación del fileteador José Espinosa:
“Mi nombre es José Ernesto Espinosa. Soy fileteador y he sido parte de la Comisión de Fileteadores; fui vicepresidente y fundador de la Asociación. Actualmente doy clases como docente en la sede de la Asociación y de manera particular. Tengo más de 40 años de oficio y soy discípulo del maestro León Untroib”.
¿Cómo llegaste a conocer el fileteado? ¿Qué te generó ese primer acercamiento?
“Yo estudiaba Bellas Artes a los 15 años y empecé a pintar letreros. Entonces en ese momento, por razones de trabajo, mis padres se mudaron a Olavarría, y en Olavarría había muchos camiones para pintar; y había que filetear para hacer las letras, y yo no sabía lo que era un pincel todavía, era muy jovencito. Así que tuve que aprender un poco a la fuerza.

Después me mudé a Córdoba a hacer también un poco de letra, algo así, y conocí por una nota que salió en la revista Gente creo, a Martiniano Arce. Un par de años después me vine a Buenos Aires, y quise conocerlo a Martiniano pero fue imposible.
Y un par de años después abrí mi propio taller en Capital, con la suerte de estar a tres cuadras de la casa de León Untroib, que pasó por la ventana de mi taller y nos pusimos a charlar, yo sin saber quién era. Charlamos y cuando me dijo quién era casi me muero. Por supuesto iba todos los días a su casa, nunca fui a una clase oficial, pero la charla siempre se derivaba en eso, y eran hasta cinco, seis horas de charla por día. Así que fue mucho el aprendizaje del maestro de muchos años de trayectoria, y uno de los creadores, si se quiere, del filete. Uno de los renovadores, no digo creador porque el filete ya venía de unos años antes, pero fue uno de los más grandes creativos que ha tenido el filete junto con Carboni y Miguel Venturo”.
Continuando la entrevista, en un momento nos menciona algunos buenos recuerdos: «A mí me ha dado muchas satisfacciones (el filete)… Alguna de las anécdotas que me acuerdo ahora, es que una vez en el subsuelo del Spinetto, se hizo como la historia de la pintura. Entonces cada uno hizo un mural, y era verano, hacía mucho calor a la tarde, no andaba nadie. En un momento yo estaba solo en un banquito pintando y estaba metido en la pintura, no paré. Cuando termino de pegar la última pincelada escucho aplausos atrás. Cuando me doy vuelta era una familia, un matrimonio joven con varios chiquitos. Y el muchacho estaba emocionado, con los ojos llenos de lágrimas. Me decía que era la primera vez que veía a alguien pintar. Ahí entendí lo fabuloso que es para alguien que no lo hace, y lo que puede generar, así como cuando uno escucha a un buen músico. Yo me deleito viendo a mis colegas pintar”.
Charlando sobre el esfuerzo que conlleva formar parte de la Asociación de Fileteadores, nos cuenta: “Cuando se declaró Patrimonio de la Humanidad, trabajamos mucho con la gente de patrimonio histórico [...] Se declara por UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero no tuvimos ningún tipo de ayuda para nada [...] Es todo a pulmón.
Lo importante es que luchen por ese reconocimiento y que tomen iniciativas para que realmente se preserve [...] Que esté tan poco valorado y tan poco reconocido es una lástima también, porque no se enseña [...]. Es lamentable que mucha gente no sepa qué es el filete porteño.
“Sí, vos fijate que yo que estudié Bellas Artes y no se enseña el filete, ni siquiera se toma a la pasada, aunque sea para mostrar como otra técnica más. Es terrible… y siendo que es la única técnica de pintura argentina. Y vos fijate que, si bien nosotros formamos una Asociación en Buenos Aires con gente de Capital y Provincia de Buenos Aires, tenemos socios en Bahía Blanca, tenemos en Puerto Madryn, tenemos en Ushuaia, en Mendoza, en Córdoba, en Tucumán, en Santa Fe, en Rosario; en Barcelona, en Paraguay, en Uruguay, en Brasil, en Bolivia, en Oregon, en Italia, en Alemania… Ya ha trascendido las fronteras el filete. Y todos los años cada vez hay más fileteadores trabajando, hay cada vez más alumnos tomando clases, cada vez más chicos trabajando. Y trabajando mucho, con muy buenos maestros. Y sin embargo, seguimos igual, sin que sea reconocido localmente. No sé qué es lo que hay que hacer para que sea reconocido. Si bien cierto público lo reconoce, el público en general no se entera de lo que pasa”.
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«El filete nunca trascendió acá. Yo he estado en varias muestras muy importantes donde nos han invitado a última hora para llenar un espacio, con artistas de una gran relevancia, y a nosotros nos escondían en un rincón para dar una nota de color y cubrir un espacio que les faltó. Sin embargo, siempre fuimos el lugar al que la gente prefería para ir por el tema del color, por un tema de reminiscencia a otras épocas… Y lo primero que te dicen los más jóvenes, si se quiere entre comillas, es: “Aaah, yo me acuerdo del colectivo”. Otros más viejitos dicen: “Sí, yo me acuerdo del carro del lechero, del verdulero...”, que es de donde viene».
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«En el año 71, Nicolás Rubió genera todo un tema buscando a los fileteadores, y se encuentra con la sorpresa de que había muchos que trabajaban casi en las sombras, que eran totales desconocidos, salvo para los dueños del carro o de los camiones. Y hace la primera muestra en la Galería Wildenstein, donde no había cuadros, donde no había filete de caballete, eran elementos de trabajo [...]. Fue muy gracioso cuando abrieron la muestra porque era uno de los lugares más importantes que había en Buenos Aires como sería hoy, no sé si el Palais de Glace o la Galería Arroyo, algo así. Entonces la gente iba y se asombraba de ver eso ahí instalado. Le hacen una nota a Don Carlos Carboni en la radio, y Antonio Carrizo le pregunta a Carboni qué opinaba sobre la muestra. Entonces, Carboni con toda su sabiduría que da la calle, le dice: “A mí me asombra que la gente se asombre de lo que ayer no se asombraba”. Es muy gracioso pero a la vez es muy cierto, porque es algo que veían todos los días en la calle, pero nadie le daba importancia».

“Yo trabajé 16 años en la Feria de San Telmo, donde el 90% del público es turista. Me sorprendió una vez un señor, un alemán, que me contaba la historia del colectivo y qué sé yo... No había salido el libro todavía y él ya lo sabía. O sea que, tiene que haber bibliografía en el exterior que nosotros no tenemos sobre el filete. Y me llamó mucho la atención eso, cómo es que sabía esta gente de algo que nosotros teníamos acá hace más de 100 años y no lo valorábamos”.
Como nos cuenta sobre la Feria de San Telmo, aprovecha para contarnos algunas experiencias: «Yo siempre lo pongo a Adrián Clara como ejemplo porque es uno de mis mejores amigos y es uno de los fileteadores que yo más admiro; y cuando hacía seis años que estábamos trabajando en la feria, hacíamos cuadritos; chapitas que decían “Mi Buenos Aires querido”, “Tango Bar”, “Buenos Aires”, todo lo que lleva al turista. Y aprovechábamos para hacer todas chapitas distintas todos los domingos para hacer cosas nuevas, para de paso practicar; sirve de mucho eso. Habrán pasado seis años más o menos, y viene él un día y me pregunta: “Qué manera de pintar, ¿no? ¿Cuánto habremos pintado?”. No teníamos en cuenta cuánto habíamos pintado, entonces empezamos a sacar la cuenta a groso modo, y calculamos que cada uno había pintado unos 10.000 cuadritos en seis años. Es mucho, nosotros nos sorprendíamos [...].
A veces el personaje se come al artista. Y el fileteador puede llegar a ser un artista; no todos los fileteadores lo son. Yo entendí eso apenas empecé a estudiar Bellas Artes el primer día. La Directora de la escuela, que era una genia aparte de ser una artista plástica, nos da la bienvenida a todos los chicos de primer año y dice: “Bueno, bienvenidos chicos. Muchos de ustedes van a ser maestros y profesores de Bellas Artes en cualquiera de las cuatro especialidades: escultura, pintura, grabado y cerámica. Pero no todos van a ser artistas”. Y yo dije: “¿Cómo? Si yo vine para ser artista”. Claro, no entendía… Técnicamente cualquiera puede aprender una técnica; ahora, la creatividad, no se aprende. Se trae y se hace, se fabrica por mucho esfuerzo. Tardé mucho tiempo en aprender eso, y por eso lo daba como ejemplo a Adrián. Con toda la trayectoria que tenía, él no se consideraba o no se decía artista».
Me habías comentado que considerabas que un artista tiene que tener su estilo, y anteriormente me estabas contando que León Untroib te había ayudado a encontrar tu estilo. Entonces, ¿cómo definirías tu estilo? ¿Cuál es tu fuerte?
«Ah no tengo la menor idea, no sé cuál es mi fuerte.... Creo que no hay nada, no sé, eso tendrían que decirlo los demás, porque yo por lo general, tengo una idea, la dibujo, la plasmo y la pinto; y una vez que lo pinté ya no me gusta, porque descubrí que con los mismos elementos podría haber hecho otra cosa mejor. Entonces ya no quiero verlo. Además como se demora mucho en hacer un trabajo, es como que uno se va cansando, ¿no? Y después de cierto tiempo… por ahí pasa un año, la veo y digo: “Bueno, no estaba tan mal”. Pero es como que no me enamoro de lo que hago, porque en líneas generales no me gusta nada de lo que hago. Me gusta la idea, el momento en el que lo estoy haciendo y listo, nada más. La idea es siempre encontrar cosas nuevas. Me gusta usar ciertos elementos; por ejemplo las cabezas de caballos son bastante características en mis trabajos, los dragones, los pájaros, o las cintas… jugar con el movimiento de las cintas [...]. Es lo que hacemos la mayoría, unos más, otros menos».
Espinosa, de un momento de hablar sobre Untroib, pasa a contarnos que la Asociación de Fileteadores surgió de una charla que tuvo con él hace aproximadamente unos 30 años, por lo que continúa hablándonos sobre la misma: «Yo todas las veces que pude hice muestras colectivas [...]. La Asociación nace de una muestra colectiva que hicimos en Córdoba [...]. Cuando volvimos dijimos con Memo Caviglia, que lamentablemente se nos fue en enero (del 2020)… se fue de gira el Memito, y… dijimos: “Vamos a juntarnos”. Nos juntamos en la casa de él, diez o quince fuimos. Hicimos un asado, tomamos unos vinos, charlamos y ya se empezó a cosechar de armar un grupo de trabajo para exponer y qué sé yo. Ya hicimos otro asado más, y dos semanas después ya éramos treinta».
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“Nosotros en el segundo encuentro implementamos un trofeo, que es una especie de ‘Oscar’ que tenemos para las personalidades destacadas del filete [...]. Este año me tocó a mí el trofeo, cosa que yo nunca me hubiese imaginado; aparte no quería recibirlo por lo que implica eso. Así que fue un momento de muchas emociones, porque se suponía que el día de la inauguración del encuentro por Internet íbamos a tener una charla, y llegaron con la sorpresa de que apareció una pantalla con cincuenta fotos de muchos de mis alumnos de muchos años atrás que aparecieron para saludarme. Para mí fue muy fuerte. Algunos chicos están en Barcelona trabajando… Otros son de Bolivia, Estados Unidos y cosas así. Fue realmente gratificante, muchas emociones”.
Justamente tenía la pregunta de cuál fue uno de los recuerdos más lindos que tenés gracias al filete. Me contaste este, ¿y tenés alguno más que sea muy importante para vos? Aunque me imagino que son muchos.
“Sí, claro, son varios. Uno de los últimos que tengo y que más valoro, es de un cuadro de Troilo que pinté hace 10 años, que estuvo expuesto en varias exposiciones y el año pasado se hizo una muestra en China. Y fue para China y bueno, gustó y se vendió allá por suerte [...]. Troilo es un personaje que yo quiero mucho y tenía mucho amor puesto en ese cuadro. Si bien la idea de poder venderlo fue gratificante porque a alguien le gustó y lo valoró, lo extraño mucho.
Y después hay trabajos de los cuales me avergüenzo. Hay un trabajo que hice para la tapa de un disco de Los Gardelitos hace más de 20 años. Lo hice en su momento, no estaba muy bien, con algunos problemas y… Hice lo que pude. Bueno, a ellos les gustó y todo bien. A mí nunca me conformó, y era una banda desconocida, era su primer disco. El tema es que esta banda creció muchísimo. Hoy Los Gardelitos son muy conocidos en el rock under, si se quiere, y muchos chicos empezaron a filetear por esa tapa. Y esa es una de las cosas que más me llenan de orgullo a pesar de que me da mucha vergüenza verla, porque a mi no me gusta nada”.
[...]
“En la feria tengo miles de historias de gente que ha ido. Tengo amigos en todas partes del mundo que, venían una vez y la próxima vez que venían, venían a saludarme; no solo a comprarme, sino invitarme a almorzar, a cenar o a tomar algo. Y con algunos de ellos todavía sigo teniendo contacto después de 20 años [...]. Yo con la feria tengo muchos recuerdos de ese tipo, con la gente”.

¿Cómo ha sido tu experiencia como maestro?
«Y como maestro, mirá, yo nunca me considero maestro, pero una vez un señor en San Telmo pasó y me preguntó si daba clases. Le dije que no, que no daba clases. Y me dijo: ¿Por qué?”, “Y porque yo no soy maestro”, y me dijo: “Pero usted hace algo que yo no sé hacer”. Y bueno, ese fue mi primer alumno, que era un señor que era juez federal; y en ese momento empezó a tomar clases Marcelito Sainz también y dos personas más. Y para mí fue todo un aprendizaje porque yo no tenía ningún tipo de pedagogía para hacerlo. Y arrancamos así en crudo, y después se dio que fui dando cada vez más hasta tener grupos más grandes. Y a mí los grupos de alumnos me han enseñado mucho más de lo que yo les he enseñado a ellos. Es muy enriquecedor siempre, porque cada uno tiene su visión, su perspectiva, su propia historia a plasmar. Y vienen con ideas nuevas, son renovadores, y de pronto hay muchas ideas que a mí me han servido para implementar en mi trabajo. Y siempre es enriquecedor dar clases porque eso además te obliga a vos mismo a crecer, ¿sí? Porque si te quedás con lo poquito que aprendiste, te quedás ahí estancado. Y cuando uno se queda con lo poco que aprendió, en realidad es un retroceso. Si uno no vive generando cosas nuevas va a retroceder. Por eso yo siempre digo que me encantan las exposiciones en conjunto».
Por último, quería preguntarte cómo describirías al arte de filetear en una palabra o en una frase.
“Y bueno, ¿qué te puedo decir? Es un estilo de vida. Es un estilo de vida que hemos elegido los que nos dedicamos a esto, porque no creo que ninguno lo haya hecho para hacer plata, por ejemplo [...]. Pero… Es un estilo de vida el filete. Por supuesto que yo voy a seguir diciendo que, si bien económicamente no me ha ido para nada bien, he disfrutado tanto en mi vida que lo seguiría eligiendo incluso en otra vida, si fuera posible. Hace un tiempo leía en Facebook a alguien que puso que si descubrís, si hacés un trabajo en tu vida que te produzca gratificación, nunca más vas a trabajar en tu vida. Y es un poco así [...]. Hace un tiempo daba una charla para un grupo de colegas, y uno de los chicos me preguntaba qué sentía yo cuando pintaba un cuadro, y yo le decía que sentía música, sentía que bailaba. Cuando empezás a bocetar es como que con el lápiz vas dibujando un ritmo de baile, como un vals. Algunos se reían y me preguntaban qué música escuchaba… Y es muy variada. A veces escucho rock, escucho folclore o por ahí canto yo. Canto mal, pero canto yo, total nadie me escucha. Y el tema es que sea placentero el momento en el que lo estás haciendo. Aunque también de los malos momentos suelen salir algunas cosas, porque los malos momentos también generan sentimientos y uno de alguna manera los puede plasmar”.
Acerca de Milagros Yegros
Milagros Natividad Yegros nació en Magdalena, Buenos Aires, el 20 de diciembre de 1998. Una vez finalizados sus estudios secundarios, realizó un curso de Coordinación Turística, lo que luego la llevó a estudiar turismo en niveles superiores. Es Técnica Superior en Turismo por Universitas La Plata y se ha perfeccionado en Comunicación Turística por la Organización Mundial de Periodismo Turístico. Ha trabajado como guía turística freelancer en su ciudad, para la revista digital española Mi Viaje y trabaja como comunicadora en la radio FM 100.9 y Frecuencia TV de Magdalena. Desde 2020 se desempeña como redactora en este proyecto de filete porteño, donde junto a Darío Dress, Director General de 054 Travel e ideador de este proyecto, trabajan codo a codo para acercar el filete porteño a la comunidad.
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