
Nicolás Rubió, por Julia Zemborain
Nicolás Rubió ha sido de las personas que más ha hecho por el filete, por haberse ocupado de su difusión y por darle el lugar de reconocimiento que este arte y los fileteadores merecen. En la actualidad Rubió tiene 93 años y, por motivos varios, no pudimos acceder a él para una entrevista en primera persona, pero sí tuvimos el agrado de hablar sobre él con Julia Zemborain, que lo conoce desde hace muchos años y es investigadora de filete porteño.
*Nota realizada en octubre de 2021
Un poco sobre Nicolás Rubió y Esther Barugel…
Nicolás Rubió nació en España en 1928. En su niñez, se exilió junto a su familia a Francia y, posteriormente, a Argentina.
Dedicó su vida al arte y llegó a la investigación y difusión del filete porteño junto a su esposa, Esther Barugel, que también dedicó su vida al arte, fallecida en el año 2007.
Fueron los encargados de devolverle vida al filete porteño y brindarles el merecido respeto y reconocimiento a esta técnica y a los fileteadores. Destacaron por haber hecho la primera muestra de filete porteño en la Galería Wildenstein en el año 1970 y por sus libros Los Maestros Fileteadores de Buenos Aires (1984) y El Filete Porteño (2004).

Sobre sus inicios en la investigación y cómo conoció a Nicolás Rubió, Zemborain cuenta: «Mi primer paso fue ir a entrevistar al fileteador del que tanto me hablaban. Ese fue el primer acercamiento. A partir de ahí me nombraron a Nicolás Rubió, y fue muy interesante porque yo no sabía de su existencia, en absoluto. Mucho menos que había escrito un libro. Entonces, ahí en esa charla, en ese primer encuentro, se menciona a Nicolás Rubío y se menciona a su libro Los Maestros Fileteadores de Buenos Aires. Entonces bueno, yo consideré que ese libro tenía que ser el inicio de mi investigación. Cuando lo quise ir a comprar estaba agotado. Entonces empecé a contactarme nuevamente con este fileteador para preguntarle si tenía algún contacto con él… Algún número de teléfono, por qué zona vive… “Ni idea”, me respondían. Bueno, entonces dije: “¿Este hombre vive?”, “Ni idea”. Así que bueno, con esos parámetros empecé la investigación.
Y bueno, llegué a él y fue sumamente interesante porque tenía mucho para contar, pero también estaba él muy alejado del mundo del filete desde hacía largos años. Entonces me propuse, en ese momento, volverlo a poner en el camino de la vida. Había una exposición que se estaba por realizar y lo invité para que fuéramos juntos. Y él a su vez, me invitó a la casa de un fileteador, al taller de un fileteador, y a partir de ahí fue un partido de tenis al que jugamos dándonos la pelota uno a otro, devolviendolá. Entonces él me llevaba a conocer a un fileteador, yo lo llevaba a ver una exposición que él ni conocía que se estaba realizando en ese momento».




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“Yo sentí que fui un eslabón que unió la investigación de Barugel y Rubió 40 años después en donde hubo un vacío, y que yo la retomo tomando ese último coletazo, porque me pasaban las mismas cosas que les habían pasado a ellos. Es como si esos 40 años no hubiesen transcurrido. Era una continuidad. Era como que la investigación se retomaba sin una pausa. Pero esa pausa, vos fijate que eran 40 años. Es una cifra muy importante; y sin embargo era como que nada había cambiado; la dificultad para encontrar a los fileteadores, la dificultad para que se soltaran y te pudieran recibir… porque muchos eran bastante huraños, no querían figurar. Estaban acostumbrados a trabajar en el anonimato (…)”.
Sobre la primera exposición del filete porteño llevada a cabo por Rubió y Barugel, la entrevistada opina: «Al filete lo descubrió Nicolás Rubió y realiza la primera exposición en la Galería Wildenstein en el año 1970. Y el mundo del filete que, nadie lo conocía, nadie lo valoraba y nadie lo consideraba arte, Rubió en esa exposición, logra que el filete sea reconocido como un arte, sean valorados y sean visibles los maestros fileteadores. Y es tan importante esa exposición, que se festeja el día del fileteador en honor a esa primera exposición. Ese fue el primer hito y considero que es la primera base (…)».
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“La primera exposición del año 1970, fue un estallido de que la prensa, en todos los medios, se interesó en el mundo del filete. Tengo la suerte de contar con todos esos archivos, y fue realmente, sumamente importante, que ni siquiera hoy en día es superado por la difusión que tuvo en el año 1970 con las herramientas que contaba ese año.
Luego de que pasó ese boom, hubo sí un crecimiento, hubo una expansión, hubo exposiciones, hubo maestros que se empezaron a dedicar a la enseñanza… Pero quedaba todo dentro del mundo del filete. Seguía sin interesarle a la mayoría; era un núcleo cerrado. Y realmente, después de esa fecha en el año 1970 (…), no había y no hay tanta información; no hay investigación, no hay mucho interés. Vos fijate que el libro Los Maestros Fileteadores de Buenos Aires, se edita 17 años después de esa primera exposición. Y ese libro permite que a muchos jóvenes les despierte la curiosidad, el interés; y son fileteadores gracias a ese libro, porque no había nada antes, nada, que los acercara a un mínimo concepto, enseñanza, guía, para poder transitar el mundo del filete. Entonces yo con todas estas bases que tengo para darte esta opinión, te puedo asegurar que no había nadie que despertara un interés… El filete se hubiese ido apagando, sin lugar a dudas, porque eran muy pocos los que podían continuar. Eran los discípulos de los maestros antiguos, que eran uno o dos. Por cada maestro activo a lo mejor dos o tres fileteadores. No se multiplicaban como sucedió después del Primer Encuentro de Fileteadores, que ya les encontró con redes sociales, una nueva camada de fileteadores con un cambio de mentalidad… Y después está la creación de la Asociación de Fileteadores, que también eso es algo sumamente importante en lo que fue la enseñanza del filete, porque a partir de ahí, dejó de ser un tabú el transmitir un secreto, una técnica. Es decir, fue tal la revancha que tenía esa gente nueva, porque no habían encontrado gente que les enseñara como ellos quisieran o con la facilidad. Es decir, no fue fácil el aprendizaje para esta nueva camada de fileteadores, pero la Asociación de Fileteadores marca también un antes y un después en la entrega de información.


¿Sabés qué motivó a Rubió a investigar sobre filete porteño y llevar a cabo esta muestra que fue un hito, como dijimos, junto a Barugel?
«Sí. Lo que lo movilizó fue que todo el mundo lo despreciaba al filete, todo el mundo lo ignoraba; a nadie le interesaba. En el medio artístico eso no tiene importancia, no tiene valor, eso a nadie le interesa (…). Y él, con una mirada artística, y sobre todo con una mirada… porque, eso hay que destacar: él es europeo, y ahí radica la diferencia, de saber ver qué es lo auténtico en un país y qué es lo que se copia de Europa. Entonces él se dio cuenta y empezó a mirar mucho antes de su investigación; comienza también mucho antes de la exposición. Él empezó a darse cuenta que había obras de arte en esos camiones íntegramente fileteados. Él siempre me cuenta una anécdota, que estaba parado en una esquina, detrás suyo estaba un camión íntegramente fileteado, pero íntegramente fileteado, y se acerca un artista plástico y le pregunta: “¿Qué tal? ¿Cómo te va? ¿Hay alguna novedad?”, “No, nada” le dijo él. Es decir, ese artista tenía frente a sus ojos un camión que era arte por todas partes, pero no lo supo ver, no le interesaba.
Entonces en una reunión de las tantas que tenían con los artistas plásticos, en un momento dado alguien dijo que acá en el país no había nada y por lo tanto había que copiar todo de Europa. Y ahí Esther Barugel se enardeció y dijo: “¿Cómo que no hay nada en el país? Acá hay todo”. Y nombró algo que yo tardé muchos años en entenderlo, que nombró el clima también, los paisajes. Nombró todas las expresiones artísticas que había; había muchas cosas para hacer en la Argentina. Entonces después de esa reunión tan acalorada, en donde la mayoría consideraba que el arte que se tenía que hacer en la Argentina se tenía que hacer bajo la mirada, la supervisión o la copia de lo que venía de Europa o de lo que Europa dictaba, Barugel y Rubió dijeron después: “Bueno, ¿qué hacemos con esto? Acá hay que empezar a defenderlo”, porque si no lo defendían ellos nadie lo iba a valorar».

En aquella primera muestra en la Galería Wildenstein, ¿sabés quiénes expusieron?
“Carlos Carboni, León Untroib, eh… Los hermanos Brunetti… Muchos de los fileteadores que hoy marcan tendencia, estuvieron en esa exposición”.
¿Sabés si se promocionó? Me dijiste que tuvo mucho alcance, que la prensa estuvo. Pero internamente, ¿buscaron promocionarlo o se dio de que la prensa fue sin que haya publicidad de por medio?
«Bueno, buscar la prensa en aquellos años para gente como vos, que hoy lo publicás en Facebook o en cualquiera de las redes y tenés una difusión bastante masiva, te va a parecer muy arcaico. Pero la única manera de convocar a la prensa era golpear a una redacción, ir al diario y decir: “Miren, vamos a hacer una exposición, los invitamos”, y ahí se terminaba. No tenías otra llegada.

Rubió, por ser lector, por ser artista plástico en donde muchas veces los críticos de arte le han dedicado notas periodísticas… No notas, sino las críticas después de la exposición que se editaban en los diarios más representativos del Buenos Aires de aquel entonces, incluyendo algunos diarios que se editaban en el extranjero… Y por ser lector de La Nación, él se acercó a La Nación. La verdad es que no fue recibido con gran interés, pero mandaron a un periodista. Y ese periodista publicó una nota, y a partir de ahí, todos los demás se interesaron. Pero no había las herramientas que tenemos hoy en día para poder convocar.
Lo que sucedió después de la exposición, que era un bullicio de gente… Vos ves las fotos y decís: “Esto era tremendo”, y todos los medios, ya sea de radio, televisivos o por escrito, todos, todos los medios le dedicaron grandes notas. Que eso me parece todavía, ahora lo estoy pensando, mucho más genuino porque fue el interés de la prensa. No fue el interés de los artistas; fue un camino a la inversa. Hoy en día el artista convoca, el artista difunde; en ese momento era a la inversa».
Y me imagino que… No sé si tuviste la oportunidad de charlar sobre esto, pero habrá sido difícil convocar, y de hecho lo han dicho Barugel y Rubió, a esos fileteadores para que participen, ¿no?
«Fue muy difícil. Fue terriblemente difícil porque no querían participar (…). León Untroib, por ejemplo, era una persona que daba información, pero él no entregaba tablas. Y otros decían que eran expertos en filete y cuando veían las obras, no sabían nada de filete, entonces los descartaba. Y lentamente, cuando se empezaron a animar unos a otros, dijeron: “Bueno, si está Carboni, ¿cómo no voy a estar yo?”, “Si está Enrique Brunetti, ¿cómo no voy a estar yo?”, y así fueron empezando a soltarse y a brindarles las tablas.

Pero hay una anécdota que él cuenta siempre, que es muy curiosa, que en una carrocería uno de los encargados le dice al dueño: “Pero allá en el gallinero hay unas tablas fileteadas”. Entonces las fueron a buscar y literalmente las lavaron de excremento de gallinas y de ahí fueron directo a la exposición. O sea que Rubió siempre dice que fueron las tablas que hicieron un recorrido más rápido… del gallinero se fueron al museo.
Y vos sabés que… en los inicios de mi investigación, a mí me emocionó mucho una vez que llegué a un lugar y fue para mí todo un hallazgo, porque en esa zona había en forma oculta, material para hacer un museo. Y yo quedé deslumbrada (…). Y en un momento dado, uno de los hombres… porque la gente de trabajo, de oficio, no anda con vueltas; son muy directos. Entonces me miró y me dijo: “Dígame usted, ¿qué es lo que necesita?”, y yo le dije: “La verdad es que vengo a buscar filete. Quiero ver filete”, “Bueno, yo le voy a mostrar filete”, me dice. Entonces fuimos a un lugar que era un, imaginate… un depósito de chatarra. En el medio de un predio, había una montaña de vidrio partido. Sobre un lateral, cosas valiosas, como arañas de bronce antiguas, candelabros torcidos… En el ala derecha, un stud de caballos, las gallinas que andaban sueltas por todos lados. Barro, tierra… era el depósito de alguien que en aquellos años se llamaba botellero (…). En aquellos años era algo muy famoso, muy común, digamos. Bueno, la cosa es que (…) cuando logro atravesar ese charco de tierra, de agua, de embarrarme y ver todo ese panorama, encuentro toda una flota de carros fileteados de Andrés Vogliotti, con excremento de gallina. Entonces yo dije: “El tiempo se detuvo”. Te vuelvo a repetir, habían pasado 40 años. Son historias, hay mucho para contar (…)».

¿Sabés cómo fue el recorrido profesional de Barugel y Rubió?
“Bueno, ese es otro tema que no… Es muy amplia la vida de los dos como artistas (…). Tienen una vida extremadamente extensa artísticamente, que el filete nunca debe de dejar de valorar que artistas con la producción de obra que ellos hacían, a lo largo de sus vidas, hayan tenido un impasse para postergar sus tareas y abocarse al filete. Es lo único que te voy a decir sobre la vida de ellos como artistas fuera del filete”.
Hola, tuve la suerte de trabajar ayudando con sus esculturas a la Sra Esther, y ahí conocí a Nicolas Rubio, dos personas excelentes, también tuve la suerte de ver la exposición de los fileteadores, qué después le regalaron una cama con los largueros y respaldos fileteados, hermosas
Hola Ramón ¡Muy bueno lo que nos contas! ¿Tenés para compartir alguna anécdota más con nosotros? ¿Y alguna foto? Muchas gracias.